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Ortega difiere del chavismo y promueve el neoliberalismo


El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos registró, entre febrero y las elecciones del 6 de noviembre, 62 víctimas de la violencia electoral generalmente propiciada por el oficialismo. Pero las graves irregularidades de estas elecciones, cuyo resultado nadie serio reconoce, empezaron con la candidatura de Ortega, doblemente prohibida por la Constitución que no permite un período consecutivo ni presentarse después de haber sido dos veces mandatario. Ortega, ex guerrillero sandinista, fue electo en 1984 y 2006 además de haber encabezado la junta que tomó el poder en 1979, al derrocar al dictador Anastasio Somoza, y permaneció hasta 1984.

Aun así, se presentó para un tercer período gracias a que, jueces afines, declararon inaplicable la norma constitucional. La estrategia de Ortega ha sido imponer la reelección de hecho, apostando a legitimarse con un apoyo electoral masivo. Al contrario de Guatemala, donde los tribunales rechazaron la pretensión de la primera dama de aspirar a la Presidencia.

El diario La Prensa ha mostrado el enriquecimiento del entorno presidencial, pero nada cambia y, recordando las épocas de Somoza, el periódico tiene dificultades para circular. El modelo de Ortega, "socialista, cristiano y solidario", difiere del chavismo porque, si bien es autoritario y populista, promueve los negocios privados (de los amigos). Promueve políticas “neoliberales”, con el aval del FMI, y una alianza con el gran capital, al estilo de Somoza quien decía a los empresarios: "hagan plata, que de la política me encargo yo". La esencial ayuda chavista, que ha sido “privatizada” y no pasa por los controles estatales, ronda los US$ 450 millones anuales (7% del PIB) y en parte es derivada al clientelismo como "regalos del Comandante".

La oposición, agrupada en la alianza PLI, que participó en el proceso electoral "bajo protesta", no logró movilizar a la población contra las violaciones a la Constitución. Al mismo tiempo, el militar retirado Otto Pérez ganó en Guatemala con casi el 55% de los votos, en unas elecciones sin candidato oficialista, con lo que pareciera poner fin a 26 años de gobiernos civiles. Este nuevo presidente, en la década de los 80 fue jefe del destacamento militar en una zona de violentos combates con la guerrilla.

Pareciera que tienen razón quienes dicen que, en definitiva, el ser humano es conservador y siempre opta por mantener el statu quo. Así es como, sin que importen ideologías, hasta en el 90% de los casos, dicen los analistas estadounidenses, suele ganar la elección quienes van por la reelección.