Otra cumbre sin pena ni gloria
Por tercera vez una Cumbre de las Américas no alcanza un acuerdo final por parte de los jefes de Estado.
En esta oportunidad, el escollo fue la inclusión de Cuba a próximas cumbres y el tema de la soberanía de las islas Malvinas, cuya abanderada, la presidenta Cristina Fernández, no logró muchos avances.
Hay quienes precisan que la mandataria argentina se disgustó con el anfitrión, Juan Manuel Santos, por ni siquiera mencionar el tema en su discurso de inauguración, en el que sí hizo referencia sobre la situación de Cuba.
Quedó demostrado en este evento que en los temas que involucran asuntos tecnológicos y de seguridad fácilmente lograron acuerdos que fueron delegados en otros organismos internacionales, como es el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), que analizará la actual estrategia para el combate de las drogas.
En cuanto a los temas sociales, como la pobreza y la inequidad, estos solo fueron abordados el viernes y luego toda la atención se centró en la agenda política.
Definitivamente que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, no la tuvo fácil, pues varios mandatarios no asistieron al cónclave, otros se retiraron antes de la última reunión y los temas abordados quizás no cumplieron las amplias expectativas que él tenía con el fin de lograr avances para la región.
Pero las posiciones de Estados Unidos y Canadá se impusieron en todo momento, a pesar de enviar mensajes conciliadores y de respeto.
Hay quienes precisan que estas cumbres no sirven de nada y que no benefician a los países en las cosas que realmente los aqueja, ya que los temas políticos acaparan las agendas y lo que les interesa a los países centroamericanos, puede que no les interese a los otros participantes.
Dentro de tres años Panamá tendrá la responsabilidad de una Cumbre de las Américas, y debe luchar para que todos asistan.
