Otra guerra
Es impresionante cómo los malos políticos tienen la capacidad de desprestigiar a sus oponentes sin importar si son aliados o enemigos. En los últimos años, ha quedado demostrado que los dirigentes criollos no hablan de amigos cuando existen intereses políticos. Apenas terminó el periodo de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional, y ya los diputados comenzaron a lanzarse toda clase de dardos. El objetivo de muchos de estos diputados es sentarse frente al Pleno como presidente.
Lamentablemente, la lucha por el poder en este Órgano del Estado siempre deja secuelas. Las bancadas de gobierno y oposición hacen lo imposible por perjudicar las iniciativas de sus oponentes y al final salen perdiendo los ciudadanos.
En los próximos días, los panameños tendrán que soportar desde las tribunas una guerra campal entre los diputados que piensan correr por la presidencia. Al igual, la batalla se extenderá por liderar las comisiones más importantes, mientras la productividad de esta Asamblea sigue cayendo en picada. Cuando en Panamá se escojan con seriedad estos cargos se podrá volver a confiar en este Órgano del Estado. Es tiempo de que se cumpla la promesa de revisar el reglamento interno y reducir los privilegios que gozan.
El nuevo presidente de la Asamblea debe ser honesto y no tener escándalos en su historial. Debe ser responsable y tener buena asistencia al Pleno, además de haber presentado iniciativas legislativas con repercusiones nacionales. Por lo menos es lo que esperarían los panameños.
La imagen de la Asamblea se debilita con la pobre actuación de sus actores, por lo que es justo que la nueva directiva sea exigente y que coloque los intereses del país por encima de los partidos políticos.
