Otra oportunidad
El trabajo infantil debe ser un tema de alta prioridad para los Gobiernos. El futuro del país se pone en juego cada vez que un niño o una niña abandona sus estudios para dedicarse a trabajar.
Los casos van en aumento, a pesar del esfuerzo de muchas organizaciones que intentan evitar que las calles o los campos agrícolas sean el destino de estos menores.
Es una situación muy compleja en la que se tienen que analizar varios factores claves que llevan a los niños a trabajar.
La situación económica de muchas familias en Panamá es precaria, más allá de los excelentes índices de crecimiento que experimenta el país.
La necesidad de obtener recursos para aportar a la economía familiar motiva a muchos menores de edad a trabajar. Dejan los estudios y se exponen a toda clase de abusos y violaciones.
Parte de este problema también radica en la desintegración familiar y la falta de valores. Los menores crecen en hogares en los que no existen reglas o normas, y donde por lo general, sus padres no tienen ninguna clase de estudios.
Conseguir dinero para sobrevivir es más importante que ir a las aulas de clases. En muchos casos, son los propios padres que obligan a esos menores a trabajar.
Los programas estatales y los proyectos independientes que combaten el trabajo infantil deben recibir más apoyo. En la medida que estos niños y niñas sean sacados de las zonas de trabajo y se les ofrezca mejores condiciones de vida se podrá reducir la incidencia de este problema.
Existe un asunto cultural que es necesario cambiar, sobre todo, en los pueblos indígenas donde el trabajo es obligatorio desde temprana edad. No se trata tan solo de señalarlos, sino de darles opciones.
