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Otra vez Economía 100A


Juan Jované (opinión@epasa.com) / Economista.

Entre las novedades de las recientes polémicas en el campo de la economía, destaca un artículo publicado en diario “La Prensa” del 10 de noviembre de 2012 bajo el título “El control de precios y sus consecuencias en el mercado”.

En el mismo, para comenzar, el autor asegura que el control de precios “genera una distorsión fuerte en el balance de las fuerzas de mercado que siempre existen en un mercado...”. Lo que no parece captar el analista es que, de hecho, vivimos en un mundo en que los mercados se encuentran profundamente distorsionados no tanto por la intervención pública, sino por la presencia de la llamada concentración económica en la forma de monopolios y los oligopolios.

Todo estudiante de Principios de Economía aprende a distinguir entre mercados de competencia perfecta, en los que la gran cantidad de oferentes y demandantes hace que cada uno de ellos actúen como tomadores de precios, de los mercados no competitivos, en los que los oferentes son creadores de precios, con todo lo que esto significa de distorsión e ineficiencia económica. En un mundo globalizado se debería, por ejemplo, entender el significado del hecho de que, de acuerdo a estudios recientes, solo cuatro firmas: Cargil, Archer Daniels Midland, Bunge y Louis Dreyfus, controlan el 73% del comercio internacional de granos básicos.

Lo que más llama la atención del artículo bajo análisis es que en el mismo aparecen las declaraciones de un exministro de planificación y política económica, profundamente comprometido en los procesos de liberalización y privatización de la economía, de acuerdo a las que la intervención pública para controlar los precios solo puede surgir de “la falta de conocimientos de cómo funciona una economía”. Esto lleva a una pregunta: ¿Quién realmente es el que desconoce cómo funciona la economía?

Cualquier economista debería saber que la presencia de monopolios y oligopolios en la economía no es el resultado de la acción pública. Es principalmente el efecto de la propia lógica del mercado, del proceso de acumulación y centralización de capitales. Es así que mientras que la economía norteamericana se liberalizó, ocurrió que la concentración en ese país se elevó a tal extremo que la relación entre los activos de las 50 empresas más grandes y el PIB se elevó de 70% a 130% en los últimos veinticinco años. Más aún, debería recordar, como lo ha hecho recientemente Joseph Stigltz, que la presencia de monopolios y oligopolios genera una sobreganancia, esto es una renta, que disminuye el bienestar de la población y la eficiencia económica. Frente a esto, las políticas públicas deben dirigirse a la protección de la población y a la eliminación de las rentas monopólicas.

Esto último resulta fundamental en un país en el que la especulación de los comerciantes ha llevado a que en el último año el índice precios de los alimentos en Panamá se halla elevado en 7.9%, mientras que a nivel internacional se viera reducido en 5.4%. Es claro que el país no solo necesita un mejor administrador, necesita romper con el modelo concentrante y excluyente.

Economista.

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Lunes 17 de agosto de 2026