Otra vez el sistema (y los diputados)
Lo que era previsible se convirtió en realidad. Ahora, magistrado o ciudadano de a pie, nadie podrá conocer si fueron verdaderas o falsas las acusaciones públicas que lanzó Zulay Rodríguez contra Almengor.
No importa -o casi no tiene relevancia- cómo votó cada uno de los diputados de la Comisión de Credenciales.
De cualquier forma, que quede el registro para la historia: Miguel Fanovich, Manuel Cohen Salerno, José María Herrera, Corina Morales [suplente de Mario Miller] y Gabriel Méndez.
Pero, más allá de los nombres, no son ellos los culpables (o, en realidad, no tienen toda la culpa).
Lo que ocurre es más profundo: el sistema está diagramado para que no funcione.
En otras palabras: armado para que se inicie un proceso y luego se pierda en los laberintos de la Asamblea.
Con otra mecánica, pero con igual sentido, funciona el sistema del otro lado del mostrador: los diputados saben que no serán condenados por la Corte Suprema.
Es un sistema perverso. Uno del estilo: hoy por mí, mañana por ti.
Hasta que la mecánica no cambie, el sistema no llegará nunca a arrojar resultados positivos.
En este sistema, destinado a fracasar una y otra vez, se perdieron las denuncias.
Nadie sabrá ya si el magistrado fue parte de un complot para sacar del cargo a la procuradora de la Nación, Ana Matilde Gómez.
No se sabrá. El sistema – de nuevo el sistema- se ocupó de arrojar la denuncia al abismo. Con el agravante, además, de que no podrá continuar su camino por el Ministerio Público.
Así funciona el sistema. Solo una reforma constitucional lo podría cambiar.
Mientras, será como mirar una película de terror sabiendo cómo es el final. Siempre igual.
