Otra vez Venezuela y otra vez nosotros perdidos
De vuelta. Y es que la realidad ha superado la ficción y los problemas se agravan. Callar es imperdonable y mirar para otro lado lo convierte a uno en cómplice voluntario o involuntario. Da igual. Lo que hay que hacer es seguir denunciando. Y en estas estamos cuando nos encontramos con una de las situaciones que nuestro país reprueba en el concierto internacional de naciones. La posición ante lo que sucede en Venezuela.
Desde hace unos años, nuestra diplomacia ha decidido ignorar lo que pasa en ese país. Un país donde su sede parlamentaria es asediada y asaltada por grupos adictos al régimen autoritario y dictatorial de ese país.
Un país donde más de 2 millones de sus ciudadanos han tenido que abandonar su tierra, ante la desgracia que es vivir en un lugar con crisis humanitaria, donde se dificulta conseguir trabajo, comida, medicinas, etc.
Un país acostumbrado a manipular las organizaciones internacionales, sabrá Dios cuál es la verdadera razón para nuestra "amistad" manifiesta con un grupo de facinerosos que se han apropiado del poder en ese país sudamericano.
Esto me lleva a la conclusión de que cuando se improvisa, todos pagamos.
Pero me quiero referir a la situación venezolana. Luego de las elecciones que pierde Enrique Capriles ante Nicolás Maduro, escribí en este mismo espacio sobre el imperdonable error que había sido pedir a los venezolanos que se retiraran de las calles ante el evidente fraude.
La casi totalidad de las naciones vecinas estaban claras en lo sucedido. El momento era el correcto para subir la apuesta y dejar todo en las calles.
Ahora, la oposición debe enfrentar el llamado a una constituyente cantinflesca. Y ante esta extraña iniciativa, se ha llamado a un plebiscito que, al final, va a ser una movilización de masas que no va a servir para mucho.
Me uno a las voces y analistas que piensan que Venezuela se rompe. Y pienso que ese país está por entrar en una cruenta guerra civil que va a terminar dividiendo a la nación. Ante un ejército de caricatura, no hay ninguna posibilidad de que el mismo actúe en defensa de una democracia ya inexistente.
La pregunta es cuál va a ser la posición de países como Panamá ante un agravamiento sin precedentes del país que, por muchas décadas, fue el más rico de América Latina.
Lo cierto es que debemos prepararnos para más migración descontrolada y, por supuesto, más problemas sociales promovidos desde un grupo de gobernantes que prefieren mirar hacia otro lado ante los embates de los xenófobos locales. Lo hacen porque piensan que les sirve como cortina de humo ante los desmanes propios de una administración que ha fracasado.
No está de más recordar que nuestro papel ha sido, en diversas épocas, el de un país componedor, dispuesto a poner los elementos, el territorio y su diplomacia en función de resolver los problemas de los demás.
Y es que hasta en eso hemos retrocedido. Ya no somos un país al cual recurrir en el concierto de naciones. Es más, muchos dicen que nuestro sistema político se "venezolaniza" a grandes pasos.
Creo que aún no estamos en ese estadio. Pero siempre es importante no descuidar el futuro de un país que, como Venezuela, pudo haber sido de los pocos desarrollados de la región, y su clase política no fue capaz de entenderlo y actuar en consecuencia.
Estratega-consultor político.