Otro clavo más para el ataúd
La sentencia de condena contra Ana Matilde Gómez no es ni mucho menos una sorpresa. Es, eso sí, la confirmación de que en Panamá la justicia murió en algún momento y no nos dimos cuenta. Por un lado, persecución y condena contra Gómez por un pinchazo que ordenó de acuerdo con los trámites de la ley vigente en ese momento, pero que nunca se verificó. Por otro, impunidad total para Ceville que, desde el sillón de Procurador de la Administración, clandestinamente ordenó escuchar a los que consideraba sus adversarios en la institución, sin que mediase investigación criminal alguna. Justicia selectiva no es justicia. La sentencia pronunciada por la Corte Suprema de Justicia contra la Procuradora incrimina a la propia Corte y no nos extrañe que en un día no muy lejano enfrenten un proceso penal por prevaricato quienes hoy conformaron la mayoría infame que condenó a 6 meses de prisión a quien no hacía más que investigar un grave caso de extorsión contra un ciudadano. La delincuencia celebra al ver pasar el féretro de la justicia: el crimen organizado que sabe moverse en la trastienda judicial, el funcionariado corrupto que vive del doble delito de la coima y el apadrinamiento de sus superiores, el abogado “juegavivo” que no entiende mucho de letras ni de argumentos, pero es exitoso entregando, “salves”, “viáticos” y demás “ayudas”. Todos celebran el triunfo del ex fiscal Sáez como propio. El día lo ha ganado la corrupción. La lucha contra la corrupción comienza con denunciarlo.
