¿Otro debate sobre nuestro sistema educativo?
Todo parece indicar que a partir de 2014, nos vamos a ocupar de otro debate nacional sobre la crisis educativa. El sistema educativo panameño tiene una larga tradición que está íntimamente entrelazada con el desarrollo histórico-político de nuestra República. Esto significa, en otras palabras, que el sistema educativo actual es el resultado de un largo proceso histórico, lo cual determina su particular condición de multiforme.
LA HISTORIA DEL SISTEMA EDUCATIVO QUEDÓ REDUCIDA PRINCIPALMENTE A ESTRUCTURAS, A OBJETIVOS; DE VEZ EN CUANDO TAMBIÉN A LA EVOLUCIÓN HISTÓRICO-INTELECTUAL, A INFLUENCIAS, PRECURSORES Y RESULTADOS.
Es así como en el sistema educativo de la República de Panamá se registró en los últimos 35 años --a pesar de las convulsiones políticas-- la más significativa expansión en la historia de la educación panameña. En las tres últimas décadas de esta etapa expansiva la política educativa estuvo marcada de forma sustancial por grandes debates públicos sobre las reformas planteadas en ese ámbito.
La discusión sobre la reforma se inició en 1970 cuando la “Comisión Nacional de Reforma Educativa” dio a conocer su Informe General sobre el trabajo realizado y sus conclusiones. Aquel intento de convertir las reformas parciales en una reforma de estructuras a largo plazo fracasó. En realidad, la historia del sistema educativo quedó reducida principalmente a estructuras, a objetivos; de vez en cuando también a la evolución histórico-intelectual, a influencias, precursores y resultados. Para muchos entendidos, el proceso enseñanza-aprendizaje, tanto para el ser individual como para el Estado y la sociedad, ha significado solamente lo que es intrínseco del término: el ordenamiento y funcionamiento del sistema de obtención de títulos, dejando de lado el efecto que sobre el sistema educativo tienen las evoluciones sociales, económicas, técnicas o políticas.
Durante el gobierno pasado, se hizo un nuevo intento de debate con el asesoramiento del PNUD y, al parecer, se concretaron algunas recomendaciones. No obstante, la crisis educativa se profundizó, lo cual heredó el gobierno del presidente Martín Torrijos (2004-2009), pero aún persiste la crisis en el sistema, agravada por la huelga de los educadores en demanda de aumento de salario. La situación actual en el sector educativo exige, pues, una intención dinámica de más alto nivel y de proyección nacional en la planificación y puesta en práctica de una política educativa que responda a los requerimientos del desarrollo integral de Panamá.
No cabe duda de que un buen indicador de la voluntad política de un pueblo por avanzar en la construcción de su futuro a paso firme, es el establecimiento de un sistema educativo bien planificado, que permita la incorporación masiva de su población en programas educativos, lo que significa no solo hacer uso de los mecanismos tradicionales de la educación formal como: aulas, maestros, profesores, horarios, laboratorios, patios de juego y una estructura administrativa que organice los procesos inherentes a la prestación de los servicios docente, sino también de formas no convencionales de educación que sirvan como complemento a los esfuerzos del modelo anterior, para la incorporación de sectores de la población imposibilitados por sus características demográficas, de inscribirse en los programas de educación formal.
El año 2014, del nuevo gobierno, debe ser la fecha tope para que el Ministerio de Educación concrete el trabajo de “reestructuración del Sistema Educativo Nacional”, el que corresponderá realizar los nuevos comisionados encargados de llevar a cabo la debida planificación. No es posible seguir formulando excusas en torno al retraso o aplazamiento de esta urgente necesidad nacional. Panamá no puede permitirse el lujo de demorar durante un plazo tan dilatado su actualización y ascensión educativa. Además, es un mandato de orden constitucional, porque es difícil imaginar un país en el que la educación --derecho inalienable de los seres humanos sobre todo en el decurso del presente siglo-- no ocupe un lugar preponderante en su Constitución o Carta Fundamental.
Recordemos que la educación debe conocerse por lo que ella es: el producto, indudablemente, pero no el juguete inerte, de la historia y de las sociedades; es decir, un factor esencial del devenir, y ello de modo muy especial en el momento actual de aguda crisis, puesto que en definitiva es a la que corresponde preparar a los hombres y mujeres para adaptarse al cambio, que es la característica esencial de nuestro tiempo.