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Ovaciones


El pasado 29 de junio por las pantallas de televisión a su debido tiempo aparecieron las vistas del desarrollo de la ceremonia de la imposición del palio a los distintos arzobispos recientemente nombrados y entre ellos, había un panameño, Monseñor José Domingo Ulloa M.

Esta vez entre nosotros ha llamado la atención la cantidad de panameños y panameñas y curas que viajaron a Roma a respaldar al representante local. Todo ha sido ovación y oración amén de las visitas a los templos y lugares religiosos que constituían la meta de tal peregrinación.

Ya se explicó el sentido simbólico del palio y ahora viene la concreción en el terreno de lo que conlleva toda esa ovación por el hecho celebrado. El Pontífice impuso el palio a los arzobispos metropolitanos nombrados por él durante el pasado año y afirmó lo que sigue. Palio y comunión.

La comunión con el Papa, explicó éste, es garantía de libertad para la Iglesia en dos sentidos: el histórico y el espiritual.

En el plano histórico, afirmó “la unión con la Sede Apostólica asegura a las Iglesias particulares a las Conferencias Episcopales la libertad respecto a poderes locales, nacionales o supranacionales; que pueden en ciertos casos obstaculizar la misión de la Iglesia”.

Esto es muy importante “en el caso de Iglesias marcadas por persecuciones, o también sometidas a injerencias políticas o a otras duras pruebas”.

Sin embargo, subrayó el Papa, las persecuciones “a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia”.

“El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro”.

Por ello, afirmó el Papa, el segundo significado del palio es más profundo: que “el ministerio petrino es garantía de libertad en el sentido de la plena adhesión a la verdad, a la auténtica tradición, para que el pueblo de Dios sea preservado de errores referidos a la fe y a la moral”.

Es el caso de comunidades “que sufren la influencia de doctrinas engañosas, o de tendencias ideológicas y prácticas tendientes al evangelio.

Estos “peligros espirituales”, señaló, pueden ser “algunos problemas de divisiones, de incoherencias, de infidelidades al Evangelio que amenazan seriamente a la Iglesia”, pero también los peligros de los “últimos tiempos”, las actitudes negativas que pertenecen al mundo y que pueden contagiar a la comunidad cristiana: egoísmo, vanidad, orgullo, apego al dinero, etc.”