Padres pierden autoridad
Irrespeto, conductas inadecuadas y baja autoestima son solo algunos ejemplos del sentir de muchos jóvenes, en medio de una ciudad desnuda impuesta por ellos mismos. Amparados por la falta de cultura y disciplina, nuestros adolescentes se encuentran encadenados a un futuro incierto. A su vez, los padres en un letargo continuo, con tal de no llevarles la contraria les permiten prácticamente una emancipación.
Esto nos lleva a concluir: la familia, base fortificada de la sociedad, promotora de hábitos y actitudes, valores y primeras enseñanzas, tanto morales como espirituales, no está cumpliendo su principal papel, que aparte de lo dicho anteriormente, está obligada a brindarles a sus miembros bienestar, seguridad y prioritariamente amor, para su óptimo desempeño en la vida.
Ellos son el reflejo y consecuencia de una sociedad decadente, carente de valores, tanto morales como espirituales, en la que es más importante lo mundano que lo religioso o intelectual.
Mientras que los progenitores, creyentes de la ley que regula ciertos actos de ellos con sus hijos, permiten arbitrariedades de los mismos. Se sobrentiende, por sentido común, legal y eclesiástico, que los hijos están sujetos a las disposiciones de sus padres y no a la inversa. Deben ser corregidos con bondad y objetividad, evitando incurrir en los malos tratos. No sea que ese espacio de afecto que ellos vacían, las malas amistades lo ocupen imponiéndoles actitudes infundadas y nefastas.
La tecnología, herramienta que vino a facilitar ciertas labores del hombre, se ha convertido en poco tiempo en una vía de escape al sosiego en el que se encuentran nuestros jóvenes. Redes sociales como Facebook, Twitter, y también WhatsApp e Instagram, por mencionar solo algunas, son utilizadas por los jóvenes para colgar invitaciones y comentarios tales como: “Party” en mi casa, “open guaro”, ¡hasta que se rompa el cuero!, entre otros aún más osados, mientras que los padres están en otro planeta distinto a este.
Con esta actitud que adoptan los padres se demuestra que los mismos están perdiendo autoridad frente a sus hijos y que no los están preparando para enfrentar la vida adulta, sino que se convierten en codependientes de ellos. En la adolescencia, como lo dice su nombre, nuestros jóvenes adolecen de responsabilidades y criterio propio, dichas cualidades corresponde a los padres inculcárselas desde pequeños.
El conocimiento es poder y la fe fortaleza, todos tenemos que inmiscuirnos, solo así construiremos un país en el que reine el amor a Dios.