Palabras de admiración
En nombre de tus estudiantes, muchas gracias por tu vocación. Durante mi formación como comunicadora social en la Universidad de Panamá, fui alumna de excelentes catedráticos y hoy con los sentimientos a flor de piel, estoy en extremo conmovida por la irreparable pérdida de un profesional de la pluma como fue Agustín del Rosario, abocado a dar lo mejor de sí para que sus alumnos aprendieran, se destacaran y brillaran con luz propia; por lo que quiero dar un salto al pasado y compartir un episodio académico con mis lectores como lo he hecho en privado con alguno de mis amigos y colegas que tuvimos el honor de pasar por las manos de este maravilloso escritor, no era exactamente afable, pero sí exigente e inspirador y sus clases magistrales llenas de sapiencia; cuanta admiración sentí por él en particular. Nos impartía la asignatura redacción periodística en la época donde usábamos las antiguas máquinas Olympia, por mi condición de no ver, mi formación era en extrema difícil, debí memorizar el teclado de referencia a lo que Agustín del Rosario, me observaba y amablemente me atendía con cordialidad, prodigaba paciencia y tolerancia para la entrega de mis trabajos y aún recuerdo cuando debí narrar descriptivamente un objeto a lo que él me preparó las condiciones y herramientas para que mediante el tacto presentara mi redacción. Son estas vivencias y actitudes que estimulan la excelencia docente y es Agustín del Rosario el mejor espejo que los nuevos catedráticos deben mirarse al compartir su aula de clases con un estudiante con capacidades especiales.
¡Cuanto aprendimos con este docente!, es el periodista como Agustín del Rosario, con la virtud de expresar sabiduría y la vocación de los que construyen la parte buena e importante de esta profesión, es el profesor que enseña y trabaja sin complejos, dejando en su caminar una obra de amor, de vida, espiritualidad, civilización, ascenso social, esperanza, bondad, excelencia, humanidad y libertad. Se yergue como el futuro posible, deseable y plausible, sus clases me llenaban de entusiasmo y multiplicaban mi satisfacción. Para ti Agustín del Rosario, ¡gracias!, no sólo nos diste una lección de grandeza, también nos hiciste ver con optimismo el futuro y nos regalaste algo que tanta falta nos hace en estos momentos: fe. Recibe este apreciable homenaje de respeto y admiración.
