Paladín de la Democracia
Democracia es la palabra que, junto a libertad, dan rienda suelta a sentimientos que demostramos ante cualquier circunstancia que se nos presente. La democracia panameña, aunque medio débil aún, no deja de ser nuestra democracia, aquella que alcanzamos con tanto sacrificio, tantas luchas hasta quedar exhaustos por los esfuerzos llevados a cabo para lograrla. Que tal vez nosotros mismos no hayamos hecho lo suficiente para engrandecerla, es harina de otro costal. Aún así la queremos, la extrañamos cuando se debilita por cualquier circunstancia y la cuidamos para que nadie nos la quite.
Ese concepto lo llevaba Billy Ford dentro de sí como una prenda adorada, como se guarda lo más valioso que pueda encomendársenos y, además de dar casi su vida por lograrla nuevamente, supo luchar para conservarla. Político fogoso, sabía defender sus principios, sobre todo si estaba seguro de ellos. Por eso, cuando hablaba lo hacía con propiedad sabiendo medir sus palabras y, si encontraba escollos, usaba su voz de gallo ronco para imponer su honestidad, su inteligencia y su hombría de bien. ¿Tendremos quien hable como él si algún día se intentara quitarla? ¿Aparecerá otro valiente que nos defienda con todo su corazón para conservarnos libres y democráticos?
Panamá ha perdido un gran hombre, un gran hijo, con quien ella y todos los panameños contaran para verlo adelante llevando banderas. Nosotros hemos perdido un amigo entrañable, aquel que estaba dispuesto para cuando lo necesitáramos. Su familia que supo valorarlo ya no escuchará sus consejos y sus sabias palabras. Pero el mejor tributo que podemos rendirle es convertirnos cada uno en defensor de lo que él fue. No solo hablar de democracia sino practicarla para que él esté satisfecho y santificarla en forma tal que se sienta orgulloso de nosotros. ¿Cómo hacerlo? Terminando con la pobreza, dando a los niños y jóvenes excelente educación como principal medio de desarrollo y que no sea solo el vil metal lo que nos guíe sino la excelencia. Una buena salud mejorando los sistemas y pensando solo en los necesitados de la misma; salvando la dignidad con que podamos vivir sin cuestionar su significado, sino solo practicándola y ofreciéndola para que cada uno pueda vivir dignamente. Cuando la mayoría de los panameños aprendamos a sumar, restar y multiplicar; a leer correctamente y a defender nuestro idioma, habremos satisfecho nuestros deseos y los del gran Billy que partió para estar cerca de sus compañeros y de Dios, pidiéndole en voz alta que conserve la democracia en Panamá.
El cariño del pueblo fue evidente durante su sepelio. Al pasar la caravana fúnebre por las calles de la capital, la multitud, en gesto de agradecimiento, revivió los tiempos de la Cruzada Civilista agitando pañuelos blancos y sonando pitos y pailas.
