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Paliativo


Si vamos al origen de la palabra significa algo cubierto con un palio. Es un adjetivo que significa “mitigado, o que suaviza o atenúa”. Se dice específicamente de los remedios que se aplican a las enfermedades incurables para mitigar su violencia y refrenar su rapidez. Es sinónimo también de paliatorio que amplia un poco más el sentido.

Vengo con esta palabra refiriéndome a lo que se llama hoy “los cuidados paliativos” en relación con la actividad cristiana de asistir a los hermanos enfermos y abandonados. Últimamente he sido adoptado por un grupo de doctores en medicina, enfermeras, sicólogos y laicos que inspirados por San Camilo de Lelis se reúnen todas las semanas en un “almuerzo de trabajo” para repasar y evaluar la lista de los enfermos que califican para la atención del grupo que lo hace espontáneamente y sin duda como “camilianos”.

Asisten desinteresadamente y sin distingos de clase social o religiosa, con “amor” en sus horas libres, se reparten las visitas de los enfermos que así lo deseen y que califiquen según los requerimientos mínimos, ofreciéndosles cuidados médicos, enfermeros, sicológicos y pastorales y luego se procede a la evaluación. LLevan ya años funcionando y se les conoce como “Hospes”, una forma de apostolado dentro de la diócesis..

Los Camilianos “per se” son una orden religiosa que funciona lo más cerca, en Bogotá, donde prestan servicios hospitalarios. Fueron fundados por San Camilo de Lelis, orden religiosa aprobada por su Santidad Gregorio XIV y consta de sacerdotes y hermanos y también laicos .

San Camilo de Lelis cuya fiesta litúrgica celebramos el 14 d e julio pasado, nación en 1339, de una madre sexagenaria. Muy pronto se enroló en el ejército veneciano para luchar contra los turcos y contrajo una rara enfermedad en una pierna que toda la vida llevó fracturada. Se salió del ejército y fue víctima de la ludopatía para perder todo llegando a la mendicidad. Luchó contra esa adicción con mediano éxito.

Aceptó su situación y con la gracia de Dios entró de Capuchino por un tiempo pero la dolencia de la pierna le impidió seguir adelante y se instaló en un hospital donde comenzó a servirle a los enfermos reconociendo en eso una nueva vocación que lo llevó a fundar una sociedad de compañeros dedicados a los enfermos “Hermanos Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad” destinada a los enfermos abandonados, aprobada por el Papa Sixto V y elevada a Orden Religiosa por su Santidad Gregorio XIV. Murió en Roma el 14 de julio de 1614, a la edad de 64 años, fue beatificado y canonizado por Benedicto XIV en 1746.