default

Palo porque boga…


Si el pronunciamiento del presidente Ricardo Martinelli se hubiese producido dos días después del incendio ocurrido en el Centro de Cumplimiento de Menores, no hubieran faltado voces calificándolo de prematuro. Registrado tras la evolución de los hechos, el pasado sábado, también hay quienes lo señalan de desfasado y hasta de extemporáneo. Es evidente que para quienes tienen el deber de hacer oposición, la cuestión no radica en el reconocimiento público que hizo el Jefe de Estado de la tragedia, tampoco en su demanda de sanciones ejemplares para quienes provocaron la infracción, sino en descubrir el eslabón débil y sugerente del discurso presidencial para enrostrar lo que a su criterio es un acto desafecto, carente, según ellos, de todo humanitarismo. Lo que a todas luces hizo Martinelli en su tono parco y pragmático fue reconocer la injusticia cometida, y por consecuencia otorgarle la razón a quienes venían señalando el desastre y la violación de los derechos humanos de los detenidos, en un acto que como el del incendio, resultó sumarísimo, letal, desgraciado. Pero no es eso lo que sus opositores toman en cuenta. No sería inexacto apuntar que la responsabilidad en política no es un monopolio que sólo se le puede endosar al gobierno, también le toca a la oposición asumir ese rol, toda vez que cualquiera de las acciones de los dos bandos va enfocada hacia una ciudadanía que espera lo mejor de ambas actuaciones.