Panamá en la herencia de Uribe
Álvaro Uribe deja la presidencia de Colombia con esquemas de seguridad nacional bien definidos. Durante sus ocho años de gobierno, revivió la esperanza de un pueblo de que la paz en su país podía ser alcanzada. Los colombianos lo apoyaron -sale con más del 75% de popularidad- pues el pueblo, tras décadas de hastío debido a la violencia generada por el narcotráfico y la guerrilla de las FARC creyó en el gobierno de Uribe. Pero Colombia sigue en guerra. La guerrilla combate, aunque disminuida y mucho más débil, en medio país. Por eso, el conflicto colombiano, que lleva medio siglo vigente, marcó el legado de Uribe a Juan Manuel Santos, y también la herencia “uribista” a los países vecinos.
Juan Manuel Santos hereda los “lobbies” de presión que han girado alrededor de Álvaro Uribe. Y en pleno apogeo económico de Panamá, los lobistas colombianos seducen a los políticos panameños afines, para fortalecer los intereses estratégicos de Colombia en territorio istmeño. Los analistas en seguridad que orbitan en las fuerzas armadas colombianas, consideran que hay que evitar que el conflicto se derrame del otro lado de sus fronteras e impedir que la guerrilla, aliada al narcotráfico, deje de usar los territorios vecinos como trincheras. La construcción de carreteras hasta la frontera está en la mira colombiana -acaba de adjudicarse la construcción de nuevas carreteras cerca de la frontera panameña- pero lejos de toda utopía sobre la paz, subyace el tema de fondo que nos vence en la frontera: la penetración del narcotráfico, pues Colombia provee el 90% de la droga que se consume en EE.UU., el mayor consumidor del mundo. ¿Podría Panamá con este problema?
