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Panamá: farsa, zika, agua y demagogia

Por: Redacción 03/02/2016

 

Si uno hace el ejercicio de empinarse y mirar desde una atalaya la realidad de la población y el Estado panameño en general, puede concluir que todo es una farsa, independientemente de si estamos en Carnaval o no. La gente se queja de la inacción del Gobierno, de su incapacidad y de su parsimonia para tomar decisiones, pero cuando el pueblo tiene la oportunidad de tomar sus propias iniciativas, prefiere cruzarse de brazos a esperar, convenientemente, a que la autoridad dé el primer paso.

En el tejemaneje del Carnaval y la crisis hídrica que lastima mayormente a las provincias centrales tenemos material de sobra. Por un lado, el Gobierno indeciso, pusilánime y jugando a la demagogia y, por el otro, los pobladores y los visitantes ?en su mayoría? incapaces de asumir la responsabilidad y decidir, desde su fuero interno, qué es lo que les conviene.

No hace falta que un presidente, ministro o alcalde ordene la suspensión de la mojadera para que cada individuo asuma su responsabilidad personal y decida si es prudente participar o no participar. Si están viendo la situación, comprenden lo que sucede y saben de las potenciales consecuencias, no es necesario que les recuerden por decreto que antes de una emoción efímera y de la prosperidad fugaz está su bienestar y subsistencia.

Y ya no se trata solamente de que el agua escasea; el problema es más grande. Esta semana, la Organización Mundial del Salud (OMS) declaró una emergencia mundial debido al acelerado avance del virus del Zika en América Latina. En el caso de Panamá, este lunes ya se reportaban 50 casos confirmados.

Las plazas donde se dan los culecos, los envases que se arrojan cuando la cerveza acaba, así como el hacinamiento, entre otros riesgos propios de estas fiestas tumultuarias, sirven para crear el escenario idealpara que el vector se reproduzca e inicie su ronda de contagio. Es cierto que la tasa de mortandad por el virus del Zika no es alta, pero existen indicios de la afectación que causa al sistema neurológico, y de seguir su avance, la OMS estima que este año podrían darse "hasta 4 millones de casos tan solo en el continente americano".

Mientras, acá sigue la farsa que no es tan farsa, porque cuando lo lógico sería motivar a la población a que se quede en la ciudad capital, el Gobierno gasta miles de dólares para comprar y regalar agua embotellada (sí, en botellas para que sirvan de alojamiento al mosquito), y anuncia un operativo de más de 29 mil hombres y mujeres para que les hagan placentero el tránsito a otros cientos de miles, igualmente inconscientes, que van a malgastar la poca agua que hay y a exponerse a un contagio.

En medio de la crisis se presentó la oportunidad para que el Gobierno incentivara a la población a quedarse en la urbe y así darle impulso a la oferta del Carnaval citadino. Un economista estimó que alrededor del Carnaval interiorano se pueden mover unos 300 millones de dólares, quizás eso explique el porqué de la desidia ciudadana y tanta miopía oficial.

Periodista

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