Panamá juega al fuera de lugar con Venezuela
Lo que sucede en Venezuela comienza a ser responsabilidad no solo de los ciudadanos de ese país, sino también de la comunidad internacional por una inacción increíble, injustificada y a todas luces cómplices. Días atrás, 11 países de la región pidieron al régimen chavista de Nicolás Maduro garantizar el derecho a la protesta a las fuerzas opositoras de ese país. Una vez más, Panamá no se sumó a este pedido, ya que parece que algo muy poderoso impide al Gobierno Nacional ponerse del lado de los demócratas, algo muy fuerte, algo muy influyente mueve a un gobierno con supuesto talante democrático a hacer parte de los gobiernos cómplices de un régimen con tendencia dictatorial y con las manos machadas de sangre.
Y es que no metemos una. Me siento avergonzado de la forma como se manejan las relaciones internacionales de nuestro país. Es más, ojalá el próximo gobierno pida cuentas ya sea por vía parlamentaria u otra posible, de quienes hoy meten la cabeza como avestruces en el concierto de naciones de la región.
Me pregunto si la idea es invocar la famosa autodeterminación de los pueblos de manera preventiva. Sabrá Dios qué le espera a nuestro país que preferimos hacer el ridículo constantemente con la complicidad presentada, a retomar la sensatez y la obligación que tenemos de defender la democracia propia y vecina.
No es la primera vez que nuestras acciones en materia internacional son inexplicables. Aquel reconocimiento que se le pretende dar a un Estado que no existe aún como el Palestino, algo sin pies ni cabeza, parecía más un capricho de algún trasnochado que de alguien que entiende el papel de nuestro país en el concierto internacional y el de nuestros aliados naturales.
Y ni hablar de la vez que le cambiamos el voto en el último momento a Colombia cuando llevó precisamente a Venezuela a la mesa de discusión de la Organización de Estados Americanos, por el cierre unilateral de la frontera entre ambos países, creando una situación tensa de manera inexplicable.
Por supuesto que ni hablar de los temas de refugiados y otras situaciones similares. Nuestro país se la pasa participando en cuanta cumbre internacional hay, solo para que un grupo grande de funcionarios del gobierno actual disfruten las maravillas de otros países pagados con los impuestos de todos, porque los resultados y los beneficios para el país no se presentan nunca.
Parece que no tiene retorno esta situación. Parece que ya nada importan los muertos que resultan de las protestas de esta semana y las pasadas en las calles de Venezuela. De nada sirve la presentación de múltiples denuncias de violaciones a derechos humanos. De nada sirve que Estados Unidos tenga en la mira judicial a los principales personeros civiles y militares del gobierno chavista. Nada mueve la posición del Gobierno de Panamá. Entonces, hay que buscar esa razón poderosa, increíblemente poderosa que hace que nuestro país no mueva pieza. Estoy seguro de que no tiene nada que ver con el personal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, completamente conscientes de la realidad del mundo.
Lamentablemente, las relaciones internacionales radican en el Palacio de las Garzas, tal como lo señala la Constitución de Panamá. Y los intereses que hacen que nuestra nación haya puesto el freno repentino al crecimiento de la inversión local, parece que son los mismos que nos hacen divagar en el concierto internacional. Prometí no volver a escribir sobre ellos, pero pudo más la pena ajena y las ganas de que esto termine pronto... para ambos países.
Estratega-Consultor Político.