Panamá, la OEA y Venezuela
Vengo observando con mucha atención lo que viene ocurriendo en Venezuela y he llegado a la conclusión de que la oposición al presidente llevó la confrontación a un escenario que la hacía parecer como insurreccional y antiinstitucional. Su objetivo estratégico es defenestrar al régimen elegido democráticamente. Insisto, la oposición jugó y seguirá jugando tácticamente a activar con sus acciones callejeras y de masa, a motivar que factores de poder como el militar intervengan a su favor, es decir, ensayan, casi al calco, la experiencia chilena, que dio al traste con el entonces socialismo democrático que lideró el asesinado presidente Salvador Allende.
Cierto que un escenario de confrontación resulta en inevitables excesos que lastiman la condición humana y por ello la necesidad de imponer la solución vía pacífica. Pero la oposición venezolana tiene que entender que su aspiración de cambiar el esquema del denominado socialismo del siglo XXI debe lograrla por los votos. Resulta legítimo aspirar a que los venezolanos dialoguen. No cuestionaré la posición unilateral de nuestro Gobierno de apelar a la OEA, sin embargo, el tema de si lo podía hacer o no, no es jurídico, sino político. Debió ponderar la correlación de fuerzas en el seno de ese organismo, y no hacerlo unilateralmente.
Siempre que Panamá ha inspirado iniciativas de ese tipo, lo hace previo acuerdo con otros países amigos, al no hacerlo de esta manera, su actuar perdió mucha legitimidad política. No ocultemos la realidad, 29 países se fueron contra la iniciativa de Panamá, solamente apoyado por los Estados Unidos y Canadá. No nos engañemos, lo que parecía tal vez una iniciativa buena terminó en un fracaso.
Panamá debió actuar con más prudencia y así se lo he dicho a algunos amigos de este Gobierno, que una agudización del conflicto con el Gobierno de Venezuela nos pudiera llevar a chocar con el cono sur. Eso sería grave. Pienso en Argentina, Ecuador, Chile, Bolivia, Perú y hasta algunos en Centroamérica. Hay que actuar con prudencia y mucho manejo diplomático.
Evitemos la fanfarronería diplomática, y esto vale para el presidente Nicolás Maduro. Debemos aspirar a que el pueblo de Venezuela encuentre una salida a sus conflictos.
Termino reflexionando y pidiéndole al presidente Maduro que gane el diálogo y su estabilidad con los recursos de la persuasión y el apoyo de masas. A la oposición, que no juegue a la toma del poder con poses insurreccionales y callejeras, sino que use el diálogo dentro de un ambiente de respeto y más democracia.