Panamá, la tierra prometida
Nada más acertado que esta premisa: "No hay ningún camino fácil desde la tierra a las estrellas" y a pesar de ello, nuestra clase política tradicional parece ignorarlo, como si se tratara de una circunstancia intrascendente. Desde el inicio de su campaña, el ingeniero Juan Carlos Varela prometió, a quienes pedía el voto: hechos, beneficios, metas, logros, etc. que jamás pensó cumplir. Esto le sirvió para "ganar", según el Tribunal Electoral, las elecciones de 2014, no obstante, una vez en el Palacio de las Garzas, hoy rebautizado como el de "Las Tortugas", no ha logrado articular un solo proyecto autónomo; su gobierno, así no se quiera dar cuenta ni lo acepte, es la continuidad en lo infraestructural de lo proyectado por Ricardo Martinelli y en lo demás, y para resumir, un desastre.
Hubo una época en que el pueblo sintió, se estaba haciendo justicia, cuando, como escuadrón suicida eran enviados los dignatarios del gobierno anterior a la "guillotina judicial", veloz fue el desencanto, pues, sabríamos de inmediato que lo que sucedía era una venganza, con su consecuente cacería de brujas, hechiceros y adversarios.
Le tomaron tanto el sabor al guiso, que los varelistas creyeron estar a salvo, pero olvidaban que son el resultado de las mismas semillas del estiércol de la corrupción, no se salvan algunos de acá, pero es muy posible que ninguno de los de allá. Y lo digo, porque en mis cavilaciones de otoño percibo la hipocresía del Honesto Inútil, léase, todo aquel que firmó un nombramiento en este periodo presidencial. Dan discursos de probidad y cursos prácticos de pillaje al erario, en una amalgamada confabulación de exorcismos a las tareas propias del buen funcionario.
Sin fundamento ni preparación, hicieron creer al 39% de los panameños que tenían la capacidad para dirigir con honestidad el Estado y fíjese que no menciono Gobierno, porque su mensaje de campaña no dejó pilastra de institucionalidad sin que la salpicaran de insultos y descalificaciones.
Hoy, el progreso está lejos para el ciudadano común y quizás no exista para los CD, en tanto, somos los enemigos del proyecto, en donde el pobre debe ser feliz siendo miserable, y el rico orgulloso al explotar a los pobres.
Derecho y libertades son quimeras. Salud, educación, seguridad, etc. meros objetos de imposible materialización. La Patria nos fue arrebatada, tus sueños y los nuestros quedan comprimidos por la tiranía del déspota ilustrado. Hemos caído a un precipicio y todas nuestras aspiraciones yacen esparcidas en el fango de la politiquería.
Quiera Dios que sepamos escoger las soluciones con los mínimos costos sociales. Panamá es un territorio hostil, con una población anestesiada por medios parcializados y obedientes al poder económico. Perdimos el rumbo y en ese andar nos desviamos de la tierra prometida.
Abogado