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Panamá: la tierra unida, la gente dividida


Nuestro istmo se dividió en dos zonas, la canalera y el resto de la república, así nos convertimos en pro mundi beneficio de los menos honestos. Merced a la soberanía toda nuestra tierra se volvió a unir.

Con excepción de unos pocos pero ilustres estadistas panameños, no me tiemblan las manos al escribir los nombres de: Porras, De La Guardia, Chiari y Remón. Con estas excepciones, tanto en dictadura como en democracia, hemos sido gobernados por los mejores oportunistas, entreguistas, políticos partidistas y hombres y mujeres serviles, quienes resaltan el arte de aprovechar todo lo que se pueda sustraer de esta pobre, cansada y frustrada república, víctima de la explotación no solo de sus minas sino también de otros recursos naturales, por malos panameños destinados a aprovechar todo lo que puede hacer la patria para ellos.

Cuando la sociedad panameña alcanzó su máximo desarrollo y se convirtió en estado, los panameños escogimos la república como nuestra forma de gobierno dada sus características esenciales: La alternabilidad del poder, el ascenso al poder no por golpes de estado sino por elecciones libres y transparentes. Otra de las características de la esencia de nuestra forma republicana de gobierno que motivó su escogencia para conducirnos, es la rendición de cuentas de los servidores por sus gestiones frente a su patrón Juan Pueblo, a quienes sirven. Los panameños somos un pueblo que poseemos un gobierno y no un pueblo poseído por un gobierno. En una república el pueblo es el estado y el gobierno su servidor; los pueblos gobiernan de manera permanente e ininterrumpida, no así los gobiernos, quienes aparecen de manera transitoria a gobernar pero con nuestro consentimiento y voluntad concedida en las urnas.

Durante la dictadura los autócratas desconocieron los principios plasmados en la democracia, donde los gobiernos son del pueblo, para el pueblo y por el pueblo; estos autócratas decidieron que la única forma de participación ciudadana fuese de aplaudir sus actos, pagar sus impuestos e irnos tranquilos y sin protestas a nuestras casas, so pena de abusos físicos, cárceles, muertes o exilios.

Hemos rescatado la república y hemos retomado nuestro destino de pueblo libre pero hoy nos encontramos más divididos que nunca. El último esfuerzo del pueblo para unirse se produjo frente intentos de una autocracia civil. Fue la marcha sobre la Cinta Costera pero fue tomada sutilmente por el gobierno y culminó luego de promesas en la rebelión y posterior masacre en la provincia de Bocas del Toro.

Todos nuestros gobiernos han sido exitosos en promover la división de la familia panameña: nuevos ricos versus extrema pobreza; abundantes recursos en manos de unos pocos versus hambre y miseria para la mayoría.

La única forma de bienestar que los panameños tendrían sería escoger un verdadero estadista para conducir las riendas del poder, dispuesto a gobernar no con los mejores demagogos, farsantes políticos partidistas y entreguistas; sino acompañado de los más honestos ciudadanos reclutados de la comunidad científica, académica y profesional. De usted depende, solo el pueblo salva al pueblo.