¡Panamá: reflexionemos!
Los daños y perjuicios causados a la República de Panamá, a su gente, a profesionales y comerciantes, empresarios, a su propio Gobierno, como expresión de que no nos equivocamos cuando advertimos la defensa de la cuestión nacional, ya se empiezan a percibir. El mejor ejemplo de ello se plasma, tal vez, en la pérdida de algunas corresponsalías bancarias de Panamá en importantes ciudades del mundo, principalmente en Estados Unidos de América. Es el caso de que el Bank of America, banco intermediario, para transferencias internacionales a Panamá, según se ha dado en conocer, en algunos casos, se ha venido negando a hacerlas afectándose con ello negocios y operaciones comerciales entre extranjeros, sean personas naturales o jurídicas, y los locales.
Creo que se están portando muy injustamente con Panamá, con nuestra gente, a consecuencia del escándalo denominado los papeles de Panamá. No hay duda alguna de que estamos enfrentados a una guerra, de todos los niveles, y que hace tránsito en el duro golpe que se le asesta a nuestra economía, a nuestras finanzas, al mundo financiero y bursátil. Y, sin duda alguna, máxime, a nuestra población, que en pocas semanas empezará a ver el resultado de estos golpes económicos.
Tal vez muchos no entiendan qué está pasando en el mundo entero relativo a este escándalo. Pero llama la atención que esta semana, los medios de prensa nos comunicaban la posición de China de solicitar e instar a su flota naval a que haga uso de la denominada Ruta del Norte y con ello omitir el paso o tránsito por el Canal de Panamá, sabiendo todos qué representa y cómo se posiciona China con su naviera, deviniendo como una de las más poderosas a nivel mundial. Si pasamos revista también al tema de nuestra Zona Libre de Colón, debemos entender que atraviesa por uno de sus momentos más inquietantes, siendo indicativo de ello el cierre de no pocas empresas y locales. En los llamados "malls" o centros comerciales de la ciudad se atisba una especie de desierto económico y con ello peligran millonarias inversiones de empresarios que han creído en Panamá.
Entre nuestros hombres y mujeres de a pie, se advierte un desánimo por el curso de la economía, de cómo esta se ha estancado, muy a pesar de que las cifras gubernamentales nos informan que no pasa nada y que el índice de crecimiento económico se mantiene y crece un tanto más. Pensar o considerar que casi medio millón de panameños se encuentran en pobreza extrema y que, a diario, se escucha hablar de una danza constante de millones de dólares para inversiones en obras públicas y de alto interés estructural, da muestra de las grandes desigualdades sociales. Los despidos de trabajadores se están dando con mucha frecuencia, y con ello aumenta el riesgo social de una población relegada a las carencias económicas y sociales.
Necesitamos ponernos firmes, regios, con carácter y temperamento, sentando posiciones claras, no genuflexas ni entreguistas, pero comprendiendo que el mundo de actualidad es un universo de consensos en donde relegarnos a la esquina del menosprecio en ese orden económico mundial equivale tanto como a la misma muerte y destrucción de una república pequeña.
Conclusión: Unidos hacemos la fuerza, pero demandamos un gobierno que establezca puentes de comunicación concreta con los sectores humildes: campesinos, agricultores, obreros, profesionales, etc. y que acentúe el proceso de la lucha contra la pobreza y la desculturalización que se advierte en nuestro pueblo generándose con ello una criminalidad y pobreza que nos asusta.
Abogado