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Panamá según Marini, 1747


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Es indecible lo mucho que, en estos últimos tiempos, ha disminuido el número de vecinos españoles, pues el día de hoy apenas llegan a 40 los de alguna distinción, con otros tantos de menor esfera.

Forasteros y caminantes habrá como 300. Todo lo demás es gente que llaman de color, de varias mixturas, negros bozales, parte libres y parte esclavos, como tres mil. Negros criollos, mulatos, zambos, mestizos, como diez mil, de modo que por todo habrá al presente en Panamá de catorce a quince mil almas.

De aquí es reducidísimo el número de los niños españoles y, por consiguiente, poca o ninguna esperanza de que se aumente el número de los vecinos y haya quien suceda en los cargos de sendas repúblicas, civil y eclesiástica.

AI mismo paso que ha disminuido el número de los vecinos españoles, han desaparecido también los caudales, de modo que hoy día se experimenta una universal pobreza en toda clase de personas.

Y se teme no vaya cada día a más con la continuación de las guerras y falta de comercio, porque ni en Panamá ni en todo lo restante del reino no hay cosa alguna propia del país que sirva para la negociación. Lo que da únicamente la tierra es el maíz, plátano y carne de toro que apenas alcanza para el abasto de la gente.

Todo lo demás ha de venir de afuera, también el oro y la plata, porque las minas en otro tiempo tan abundantes, el día de hoy, o no se trabajan o dan muy poco provecho; y así este reino que antiguamente recibió el nombre de Castilla del Oro, hoy día ni aún merece le llamemos (F° 18r) la Galicia de las Indias, como lo confiesan todos los que no se dejan cegar de la pasión y amor, y amor (sic) desordenado a la patria.

Los que pretenden remediar su pobreza con el comercio ilícito con enemigos de la Corona, experimentan a todas horas mil penalidades, pérdidas, sustos y desaires, ya en tierra ya en la mar, ya dentro ya fuera de casa o de la ciudad, viéndose no pocas veces calumniados y vendidos de sus mayores confidentes y amigos por un vil interés, por ser la ambición y codicia lo que más predomina, hasta pretender no pocas veces hacerse árbitros de las leyes y administración de justicia.

Nada diré de los pleitos, robos, calumnias, escándalos y otras mil vilezas que ocasiona la pobreza, principalmente en la gente del vulgo, a quien no hay cosa que no le parezca lícita para remediar sus necesidades.

Sacerdote jesuita