default

Panamá y Puerto Rico: de una misma base militar, las dos 'balas'

Por: Redacción 15/07/2015

Llegar a Panamá y recorrer la antigua base militar y las facilidades del Canal interoceánico es una experiencia importante sobre todo si uno se crió en Puerto Rico. La similitud de ambos países es un asunto que se ve a simple vista para el ojo educado. Aunque  es algo que no se ha destacado de forma consistente en los análisis sociales o políticos.

PUERTO RICO Y PANAMÁ SON DOS PAÍSES FRATERNALES BAJO LOS INDICADORES DE ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS... AMBOS PAÍSES SON PROFUNDAMENTE DESIGUALES, Y SON DOS DE LOS CINCO PAÍSES EN ESTE CONTINENTE DONDE LA DESIGUALDAD SE MARCA MÁS.

La visita a ciudad de Panamá, su centro financiero, sus barrios y su Cinta Costera, como también a la ciudad de la Zona Libre de Colón, permite reflexionar de lo que fue el siglo XX. Mirar la casa de la dirección general del Canal, el headquarter en inglés, es recordar que toda presencia militar por vía de invasión, treta o engaño, siempre es imperial. Pero también hay que sumarle a esto, el choque cultural que representa la convivencia de dos países en un mismo suelo.

Ver Panamá es ver sociedades o comunidades posbases militares en Puerto Rico, como lo es la isla de Vieques, en la cual por casi 64 años la Marina de Guerra de los EE.UU. tuvo un polígono de práctica con balas vivas. Hoy, tras 12 años de la partida de la marina, vemos las consecuencias sociales marcadas por el pobre desarrollo económico, aumento visible de la desigualdad, y que las tierras impactadas por la marina y sus bombas vivas aún son inservibles.

LA DESIGUALDAD SE VE TAMBIÉN EN PANAMÁ EN LAS 16 CALLES, 12 AVENIDAS Y DOS PARQUES EN QUE SE DIVIDE EL PUEBLO DE COLÓN.

En Panamá, la salida de la jurisdicción de los EE.UU. de la Zona del Canal no ha sido óbice para que la “verja” divisoria por ellos creada, siga en el imaginario social. Si pensamos en la “verja” de incluidos y excluidos, podríamos ver cómo la misma opera en la zona occidental del Canal, como en la zona oriental, donde se encuentra la zona libre.

Pero también se ve la “verja” en esa línea costera y área de los rascacielos panameños, que lejos de convertirlos en el Manhattan caribeño, los convierten en el Hong Kong suramericano. Es decir, ciudades culturalmente híbridas, donde una minoría racialmente dominante, se impone ante una mayoría racialmente dominada. Los rascacielos, cuando uno se adentra en los barrios de la ciudad de Panamá, como El Chorrillo o San Miguelito, se da cuenta de que son, en la imaginación el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, tres tristes tigres – de papel. Se trata de una manifestación de desigualdad.

Panamá no es el eje del mal y Puerto Rico es el eje del bien. Por el contrario son ejes similares. Para nosotros en Puerto Rico, la desigualdad, según los estudios realizados por la profesora Marcia Rivera, es  muy marcada. Según el informe publicado en mayo de 2015, por la Universidad de Puerto Rico Recinto de Cayey, Puerto Rico y Panamá son dos países fraternales bajo los indicadores del Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas. Bajo este indicador, ambos países son profundamente desiguales, y son dos de los cinco países en este continente donde la desigualdad se marca más.

La desigualdad se ve también en Panamá en las 16 calles, 12 avenidas y dos parques en que se divide el pueblo de Colón. Un pueblo habitado por afrodescendientes panameños sumergidos a una profunda pobreza y desigualdad. La desigualdad se marca más producto de la zona de exclusión, la “verja” que crea la zona libre, por donde las mercancías que entraron desde el Pacífico se depositan para ser vendidas en la costa atlántica del continente americano. No todo Puerto Rico es como Colón, pero hay municipios costeros como Loíza, Ceiba y Salinas, que reflejan características similares a las vistas en Panamá.

Si algo pudiéramos hacer para revertir el pasado común entre Panamá y Puerto Rico, sería volver al 1898. Año de la guerra hispanoamericana y de la puesta en marcha de la doctrina Monroe en el continente americano, fuera del territorio de los EE.UU. Si volviéramos a empezar, posiblemente, todo y digo todo, sería distinto.

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas