Paños tibios
Los paños tibios de las organizaciones que dicen representar a la sociedad civil ante las violaciones del orden jurídico desmitifican el papel de críticos independientes que aseguraron ejercer. Su silencio demuestra su subordinación a los partidos del actual gobierno. Su pasividad defrauda los intereses de los sectores decepcionados por la revelación del nepotismo campante. Transparencia cierra los ojos a lo turbio de las grandes familias que se reparten los cargos más rentables.
La Comisión de Justicia y Paz no ha emitido hasta el momento algún comunicado que refleje la mínima discrepancia por la injusticia social de las decisiones gubernamentales. Hay organismos defensores de los derechos humanos que no dicen una palabra acerca de los miles de trabajadores despedidos por motivos partidarios. Si no reaccionan en forma independiente del poder; si prosiguen en el letargo y la atonía; si continúan sumándose al coro de los que dirigen los linchamientos mediáticos contra el gobierno anterior, la opinión pública calificará su abstencionismo crítico con los términos más severos.
Las evidencias de los actos de ingobernabilidad no pueden ocultarse porque sería como tapar el sol con las manos. El desmantelamiento del control de precios; las protestas callejeras de los agricultores; la ola creciente de homicidios, robos y atracos; la crisis del transporte terrestre carcomen la viabilidad de un gobierno sin capacidad de resolución.
Productores, consumidores y vecinos tienen la obligación de crear sus propios organismos de representación, ante el engaño de los entes que no tienen derecho a presentarse como expresiones de la sociedad civil. Tigres furibundos del pasado, hoy son gatos domesticados por la planilla del nepotismo y los subsidios disimulados. Los que decían estar afiliados a la izquierda no tienen pudor en postrarse a los pies de los clanes familiares nutridos por los contribuyentes.
Rápidamente se quitaron las máscaras. Pretendieron confundir a la opinión pública con comunicados presuntamente dirigidos a defender la institucionalidad democrática, el medioambiente, la juricidad. Hoy solo balbucean o no dicen nada por los nombramientos teñidos de nepotismo, el partidismo de los magistrados del Tribunal Electoral, los cambios a las reformas electorales, la imposición de los decretos ejecutivos sobre leyes orgánicas, los canjes de prebendas burocráticas del panameñismo y el perredismo.
Panamá está regresando a la época del gobierno de las grandes familias económicas y políticas. El acuerdo de gobernabilidad de panameñistas y perredistas es un mal disfraz de un canje de posiciones burocráticas. La Caja de Seguro Social para mí. La Contraloría para ti. Los egresados de las universidades públicas y privadas saben que en este controvertido cogobierno no valen diplomas, maestrías o doctorados, sino relacionarse con los miembros de las grandes familias o inscribirse en el PRD o el panameñismo. La idoneidad profesional, la capacidad intelectual, la formación académica son valores sin cotización en el mercado de la bolsa política gobernante.
Ante esta deformación de los valores, los que se consideraron representantes y defensores de la sociedad civil esquivan salir al paso de los descaecimientos que pintan por entero el desgobierno.