default

Papa Francisco


REDACCION / PANAMA AMERICA

Argentino y jesuita, el nuevo pontífice, el cardenal Jorge Mario Bergoglio sorprendió por las características inusuales de su identidad humana y religiosa a una grey católica habituada a los papas italianos o europeos en general. Pero el papa Francisco logró romper los lugares comunes de la elección no solamente por su origen y filiación religiosa, sino, primordialmente, por la sustancia del mensaje que lo va a acreditar como un enérgico continuador de la renovación católica impulsada por Benedicto XVI para sanear la clerecía quizás con el precio de su renuncia inesperada.

Como obispo y cardenal en Argentina se agitó en los medios populares con una prédica de solidaridad con los residentes de las “villas miserias” donde antes se agrupaban provincianos y donde ahora habitan, también, los que pertenecen a una clase media hoy empobrecida.

El pontificado tiene por su propia naturaleza una visión ecuménica urbi et orbi que rebasa la jurisdicción regionalista. Desde esa perspectiva, el nuevo papa Francisco deberá reestructurar la dimensión de la postura de Benedicto XVI, anclada en la doctrina de las encíclicas y la conducta ética de los hombres de la Iglesia.

Su formación filosófica como miembro de la Compañía de Jesús lo ubica como evangelizador de las personas incrustradas en los arrabales de la sociedad contemporánea. La orden fundada por San Ignacio de Loyola se constituyó en sus orígenes con la misión de impulsar las distorsiones de la reforma luterana.

Han cambiado a través del tiempo las circunstancias políticas y religiosas, pero perviven los ideales de la Compañía de Jesús en la evangelización y la educación, particularmente, en los humildes estratos sociales. El apoyo corporativo de la congregación se hará presente más que nunca ahora que un prominente prelado jesuita ha ascendido a la máxima jerarquía católica.

“Comenzamos este camino de la Iglesia de Roma, obispo y pueblo juntos, en hermandad, amor y confianza recíproca. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad”. Estas primeras declaraciones armonizan el pensamiento del papa Francisco, primer latinoamericano en honrar el solio del Vaticano.

Su palabra exhortará a los miembros de la clase política a reforzar los programas de Gobierno sanamente orientados al mejoramiento de la calidad de vida de esos sectores. En esta era infectada por falsos profetas sociales que, detrás de la ayuda a los pobres esconden ideas de un materialismo anticristiano, la proyección de la palabra sagrada esclarecerá los planes siniestros de los lobos disfrazados con la piel de las ovejas.

Como obispo argentino navegó entre regímenes totalitarios y organizaciones terroristas que le permitieron discernir sobre la realidad de sus postulados. Ahora que sus responsabilidades lo han instalado en la silla de san Pedro, la experiencia adquirida en esas etapas borrascosas se erige como un valioso aprendizaje que irá enriqueciéndose con el ejercicio del apostolado. Más que en cualquier otra época, la palabra de Francisco recuperará la resonancia del mensaje de san Pablo en Romanos: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal”.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026