Para cambiar el 2017 a pulso
Conversaba con un amigo sobre la situación este 2016 del país, especialmente el tema económico. Él me explicaba que, a pesar de que lo ha conversado mucho con empresarios y clientes, tiene claro dos cosas: Que no se sabe exactamente la razón por la cual el país repentinamente se paralizó económicamente y, no entienden qué cosa diferente va a pasar el próximo año para que la situación mejore radicalmente de golpe. Y estoy de acuerdo con ambas premisas. Por más que hay gente que me dice que el clima judicial de persecución y detenciones basadas en indagatorias ha llevado a funcionarios con mando y jurisdicción a posponer o simplemente no firmar permisos y acuerdos para que se realicen obras en el país, esta razón es de poco peso.
Los pilares de nuestra economía pasan por el turismo, la minería, el Canal de Panamá, el centro financiero y logístico. Ninguno tiene que ver con ministros o situaciones provocadas por el Órgano Ejecutivo. No hay forma que un país, que a diferencia del resto de Centroamérica, tiene varias entradas económicas identificables, le vaya mal económicamente. Da la impresión que hay algo más profundo que aún no hemos analizado o conocido.
Y la posibilidad de que este 2017 sea mejor, ni hablar. Una de las grandes apuestas de este gobierno es la terminación de proyectos para que los ciudadanos podamos ver que sí trabajan, según ellos. El problema es que las obras que realiza el Gobierno, en su gran mayoría son de infraestructura, y requieren de una cantidad considerable de mano de obra, que termina sin ser absorbida por otros proyectos, ya que no hay tantos como para lograrlo.
Ante este panorama, el clima judicial no ayuda. Investigaciones celebradas por los ministerios públicos de otras naciones han incidido este 2016 en nuestra economía, como el caso Waked y Odebrecht. Y ni hablar de los Panamá Papers, que parecen haber quedado en el olvido localmente. No hay posibilidad de confiar en un futuro a corto plazo promisorio si se actúa de manera politiquera y filibustera, anunciando investigaciones parcializadas y utilizando medios y periodistas oficialistas para difundir infundios y calumnias sobre exfuncionarios y sus familiares, aprovechando la seriedad de las investigaciones en el extranjero.
Estamos en pleno 2016 ante un país políticamente crispado, con un clima enrarecido donde nadie quiere ser ministro o viceministro. No de gobiernos anteriores, de este gobierno. Todavía uno puede ver en ciertos lugares de la ciudad construcciones iniciadas en el gobierno pasado en ruinas, llenas de maleza, porque un buen día la administración actual decidió iniciar "investigaciones", que ahora parecen eternas y solo han traído pérdidas al pueblo panameño por la falta de conclusión en las mismas.
El Gobierno Nacional no tiene un buen diálogo con los sectores empresariales y profesionales. Y prácticamente desconoce la existencia de dirigencias sindicales. Ni hablar de los indígenas, a los cuales apoya si son "sus" autoridades, aunque estas sean desconocidas por las legítimas estructuras indígenas. Hay que dejar de esperar a que el Gobierno actúe. Es el momento de que la empresa privada realice alianzas con los sectores de trabajadores, se identifiquen sectores económicos que se pueden potenciar, y se exija en conjunto al Gobierno apoyos específicos para arrancar la economía de este país. El gobierno actual ha demostrado su incapacidad para arrancar un modelo económico que solo mantiene la nave del Estado en movimiento, mas no en aceleración, como sí sucedió en los periodos de Martín Torrijos y Ricardo Martinelli.
Espero que este 2017 ocurra el milagro y podamos, al final del mismo, recordar cómo dejamos atrás nuestras diferencias y esperanzas en quienes nos han defraudado una y otra vez, y finalmente pudimos acometer la tarea de relanzar nuestra nación.
Feliz 2017.
Ingeniero de Sistemas. Estratega-Consultor político.