Para Doña Berna, quizá una rosa
Mi respeto y admiración por la escritora, doña Berna Calvit, columnista de un diario local, me anima a comentar sus palabras sobre un artículo atribuido a la señora Agnes de González, publicado en ese mismo rotativo. La señora de González se presenta a sí misma como madre de un homosexual feliz, residente en el extranjero con su pareja homosexual. Pero me dice de todo y no me perdona mis opiniones contrarias a ese género de conducta sexual contranatural. El mismo día y en el mismo diario, se publicaron cuatro artículos contra mis opiniones: uno de ellos del Dr. Daniel R Pichel, en el que lo único sensato que dijo fue haber entendido que todos tenemos derecho a expresar opiniones en los medios. El resto es un texto -ortiga lleno de odio e intolerancia contra mí y contra el cristianismo; creencia religiosa que, al parecer, él considera la causa de la infelicidad de los homosexuales.
Pero, doña Berna es diferente. Además de escribir bien y sin mostrar sesgos ideológicos, es delicada y sensible. Sus comentarios sobre el angustioso y agresivo artículo de doña Agnes lo demuestran. Para ella, doña Berna, una rosa.
Reconozco que el delicado y difícil tema -la homosexualidad- que trato con frecuencia, se presta a incomprensiones reales o ficticias. Pero, es un derecho que espero ejercer mientras no se nos impongan leyes sobre la “homofobia” y el “crimen de odio”, términos (con oscura historia) inventados para perseguir y acallar a quienes pensamos diferente a los activistas homosexuales.
Yo no odio a los homosexuales. Y, como enseña la Iglesia, los considero prójimos para ser amados como a mi mismo. Pero, rechazo el homosexualismo político -que manipula a los homosexuales- empeñado en imponer una cultura retrógrada, pagana y contraria a los valores cristianos relacionados con la familia natural, la formada por un hombre y una mujer, como nido de amor para la vida y núcleo de la sociedad civilizada.
La consigna “gay” es destruir a la familia para reemplazarla por la “familia” antinatural del igualitarismo de género. El hombre moderno puede estar de acuerdo o no con esta nueva concepción de la familia; pero lo que no puede es ignorar la existencia de esta realidad sociopolítica y mantenerse al margen, como si no importara. La sociedad civilizada y de cultura judeocristiana están amenazadas.
Como bien dice la señora Calvit, hay otros importantes ideales por los cuales podemos luchar en la sociedad de nuestros días, en donde el hombre y la mujer son víctimas de todo tipo de maltrato, e injusticias; una sociedad en donde se puede luchar para erradicar los males y para alcanzar el disfrute de legítimos derechos, justicia y bienestar.
Algunos creemos que la causa principal de todos los males de la sociedad está en la falta de familias normales. Creemos que su fortalecimiento reduce y evita los males sociales antes mencionados. Pero, otros no lo entienden así. Sin embargo, esta realidad está confirmada por múltiples estudios e investigaciones científicas al alcance de quienes deseen conocerla. Se cuenta, también, con la constante advertencia de la iglesia católica que lo ha señalado durante muchos años.
Mientras algunos luchan por la familia de los delfines, de los pingüinos y de otros animales en peligro de extinción; o abogan por preservar la Madre Tierra; otros preferimos luchar por salvar a la madre humana de la extinción provocada por del crimen el aborto, y preferimos respetar la ecología humana (Benedicto 16) y defender a la familia humana y fortalecerla de todo el mal que emana del neopaganismo promovido por los retrógrados movimientos inspirados en la ideología de género.
Algunos sí creemos en esto y llamamos a todos a luchar por construir lo que conocemos como “la cultura de la vida” y “la civilización del amor”.
Colaborador.