Para entender nuestra comunicación gubernamental
Queda demostrado que no importa cuánto dinero se utilice para la comunicación gubernamental, si esta no es efectiva y bien enfocada, no produce los resultados esperados. La comunicación no puede cumplir promesas electorales ni esconder situaciones comprometedoras. Sencillamente sirve para mostrar realidades.
Un ejemplo es la forma caótica como se ha presentado la abdicación del rey Juan Carlos I de España, a pesar de haber sido planeada en secreto por meses, ha abierto un debate político con consecuencias poco claras para el futuro de ese país.
También hay presidentes que abusan de las cadenas de radio y televisión como Cristina Fernández, Rafael Correa o el grandilocuente Nicolás Maduro, que lo único que logran es garantizar el efecto contrario en la población, que termina viendo como una rutina semejante proceder el cual, en realidad debe ser utilizado para ocasiones de excepción.
Durante mucho tiempo comenté en la radio y por este medio que el actual gobierno la tenía todas para repetir. No de manera fácil, pero sí estaba en el camino. Y señalé muchas veces que solo el equipo de campaña del gobierno podía hacer que esa situación revirtiera.
Me divierte mucho ver cómo ahora hay gente que se abroga una “victoria” desde el campo comunicacional gracias al triunfo electoral de Juan Carlos Varela. Para mí, su campaña fue casi un desastre. Después de estar durante años de primero, terminó cayendo al tercer puesto en las encuestas. No sé cómo se puede decir que hay un éxito ahí, cuando claramente no se hizo un trabajo uniforme y solo una cadena de circunstancias favorables, para él, motivó la remontada final.
Dice el diario La Nación de Argentina, en su página 2-A del viernes 2 de mayo de 2014, firmada por el periodista Alberto Armendáriz, que la caída estrepitosa de la presidenta Dilma Rousseff tomó por sorpresa a todo el equipo comunicacional y político de la mandataria. “Nos manda a hablar con Joao Santana”, le confesaba un muy cercano colaborador de la mujer más poderosa de Brasil al periodista. Así las cosas, el guardián de una campaña impecable y costosa como la del Partido Cambio Democrático, desvió su atención hacia su principal cliente en Brasil.
De alguna manera, este desenfoque permitió, luego de la debacle en el debate televisado desde la Cámara de Comercio del candidato Juan Carlos Navarro, que los equipos comunicacionales del gobierno y de la campaña del gobierno cruzaran y enlazaran mensajes. Quizás motivados por el pánico ante la realidad del rating del debate (el programa más visto en la televisión en Panamá en décadas) y porque los números del día siguiente les mostraban cómo Varela pasaba de aquel tercer lugar, a un segundo y subiendo.
Mi punto es que la comunicación gubernamental es un arte muy diferente a la comunicación electoral. Y los equipos, así como los mensajes y acciones, deben ser manejados por separado, porque sencillamente los objetivos son diferentes.
El nuevo equipo comunicacional del presidente electo Varela ha sido conformado por profesionales de la comunicación social de gran trayectoria y valía. Manuel Domínguez es un profesional con gran experiencia, tanto en las áreas de gobierno como privada, y entiende los tiempos electorales de la política. A Castalia Pascual solo la conozco por su trabajo diario en televisión, pero me indican que su calidad profesional es a prueba de dudas. Todo el éxito del mundo para ellos.
Quiero destacar la labor de Judy Meana como la primera vocera del gobierno del presidente Martinelli. Me parece que su labor no fue lo suficientemente reconocida. Siempre he pensado que el actual esquema comunicacional de la presidencia de la República de Panamá es débil y anacrónico, más orientado a una dictadura militar ególatra y hegemónica, que a un poder del Estado presidencialista al servicio de una población.
Así las cosas, los funcionarios, en su casi totalidad excelentes profesionales, deben trabajar cuadrando un círculo a diario. Haber asumido la vocería de la Secretaría de Comunicación del Estado, demuestra la valentía y ganas de trabajo de esta profesional.
Lo mismo sucede con Luis Eduardo Camacho. Con el tiempo, la gran mayoría de las personas van a entender que si alguien se ganó su salario en esta administración, fue él. Al asumir como Director de Comunicaciones y vocero, le tocó ser una especie de pararrayos y así amortiguar los ataques hacia el presidente. Sé que muchos expresidentes habrían querido contar con una figura así, por más odiosa que para muchos pueda parecer. Así funcionan las cosas.