Para que nunca más
Por encima de los últimos acontecimientos –el vergonzoso asunto de la Asamblea con bajada del proyecto Sala Quinta y un “respetable” diputado pasado de gruesa verborrea, la represión indígena, el costoso cierre como medida de fuerza de la Vía Interamericana, los turistas desamparados–, sobrevuela una gran noticia para la “gallada”: el avistamiento del anhelado Carnaval.
Así sin más, de un borrón y cuenta nueva, todo vuelve a una presunta calma. Al menos por ahora. La pipa de la paz fue fumada y compartida. Que lo del diálogo, los políticos en jeans, la persuasión de las iglesias, el misticismo alineado en torno a una cacica, el sensible tema de las hidroeléctricas, los trágicos caídos...
En esta vida todo parece estar regido por intereses. Y los medios suelen no escapar a ello. Pese a todo, la prensa panameña en general ha comenzado a entrar en zonas que podrían considerarse vedadas. Desde una trinchera.
Por otra parte, a ninguna persona medianamente informada le cabe duda de que, a la hora de buscar financiamiento para las campañas o intereses políticos, de todos los lados se producen acuerdos, muchas veces oscuros. Se sabe: debajo de la alfombra se esconde la mugre. Y también cuando estos –los acuerdos– involucran negocios. Aún más si la tierra está de por medio. En fin...
Hay un dicho: favor con favor se paga. Siempre. ¿Y es que acaso antes de los últimos sucesos eran todos santos, castos y puros como el agua? Seguro que en el extremo de los polos creen que sí. Y a conveniencia.
Pero es cierto, también están los que de verdad pugnan por un bien más allá del propio. Y donde existe cabida para consensos.
A días de los culecos, las reinas, el destape anual y los posteriores golpes de pecho, va un minuto de silencio desde esta tribuna para una joven víctima de todo esto: Mauricio Méndez, de 16 años...
