Para todos
El año escolar termina para miles de estudiantes de escuelas públicas y particulares. Los problemas en el sector educativo persisten, sobre todo por los contenidos de los planes de estudios que siguen alejados de la realidad del mercado laboral. En los planteles particulares la historia es un poco diferente, sin embargo los altos costos de las matrículas y las mensualidades han puesto en apuros a los padres de familia que hacen un esfuerzo para enviar a sus hijos a esas escuelas.
La educación es un derecho de los ciudadanos panameños, la inversión millonaria que realiza el Gobierno en mejorar las condiciones del sistema parecen diluirse entre la gran cantidad de problemas que existen.
Por un lado, los líderes de las organizaciones docentes siguen su estrategia de presión y se resisten a la transformación curricular propuesta por el Ministerio de Educación. Algo que deben tener claro los gremios es que la educación en Panamá es clave para sostener el desarrollo económico del país y la principal herramienta para combatir la pobreza.
Los cambios en el sistema educativo son obligatorios y urgentes. Las amenazas de huelgas y paros no son el mejor instrumento para negociar la implementación de estos cambios. Las reclamaciones salariales son justas, pero los mecanismos que se utilizan para exigir estos ajustes perjudican a la colectividad.
El Ministerio de Educación también debe emprender una mejor política de inversión que garantice a los estudiantes un ambiente apto para recibir clases. Aunque luchar contra las debilidades históricas del sistema educativo no es fácil, existe la oportunidad de empezar ese cambio.
Los índices de fracasos deben reducirse y los estudiantes deben salir mejor preparados de los planteles.
