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¡Para una educación integral!

Por: Redacción 04/01/2016

Es posible que en esta época, en que la frondosidad de la fraseología pedagógica es comparable tan solo con la exuberancia de los sistemas educativos emergentes, haya hecho eco en sus oídos, más de una vez, esta frase de "educación integral" sin que se haya detenido mucho tiempo a meditar sobre ella. Por ello, los invito a pensar menos fugazmente sobre su contenido.

Cuando decimos "educación integral" no hacemos sino indicar el único camino posible para la orientación de la conducta y la ilustración de la inteligencia del hombre y la mujer, considerados como seres racionales. Cuando pensamos en la "educación integral", queremos significar que aceptamos que el hombre y la mujer son un complejo consubstancial de materia y espíritu, una combinación esencial de cuerpo orgánico y de alma inmaterial e imperecedera y que, por lo tanto, todo tratamiento educativo debe mirar hacia la integridad de la persona y no a uno solo de sus componentes.

Es necesario conseguir una sistematización, no solo para una mayor comprensión y utilidad de una educación integral, sino lo que es mucho más importante para que el profesor vaya ubicando y asimilando futuras informaciones en el cuadro integrado de las técnicas educativas. La organización escolar, cuyo objeto es, justamente, integrar los distintos factores que operan en el hecho educativo.

Si bien examinamos las grandes fallas de muchos de los más renombrados sistemas pedagógicos modernos, hallaremos que la raíz de ellas se encuentra en un concepto filosófico trunco sobre la personalidad humana. En efecto, gran parte de ellos aceptan al hombre y la mujer como seres mutilados y, por lo tanto, incompletos. Se conciben a estos como una variedad en el gran reino de la existencia orgánica, cuyas aparentes diferencias específicas con los demás seres han aparecido merced a influencia de índole meso-lógica y pueden, por tanto, desaparecer, como han surgido al impulso de las normas que regulan la transformación de las especies.

Así concebidos el hombre y la mujer por las escuelas transformistas --que no son más que un aspecto de la orientación materialista que ha invadido al mundo--, la educación humana no puede tampoco diferenciarse fundamentalmente del procedimiento de selección artificial que se aplica para las plantas en los viveros o para el mejoramiento de la sangre en las granjas de experimentación pecuaria. Así entendido el hombre y la mujer, su educación no se diferenciará esencialmente del adiestramiento que emplean los domadores de circo para lograr, después de una dolorosa serie de experiencias, obtener el divertido espectáculo de los animales amaestrados.

...EXISTE, EN LA EDUCACIÓN INTEGRAL, LA DELICADA CUESTIÓN DE LA REGULACIÓN DE LA CONDUCTA Y DE LA VIGORIZACIÓN DE LA VOLUNTAD. POR ESO ASPIRAMOS A QUE NUESTRAS ESCUELAS REALICEN LOS IDEALES DE UNA EDUCACIÓN INTEGRAL, ADECUADA A LAS EXIGENCIAS DE LOS TIEMPOS NUEVOS Y A LAS IMPERIOSAS NECESIDADES DEL PUEBLO PANAMEÑO.

Pero, ocurre que el hombre y la mujer, a más de su naturaleza animal, se hallan dotados de ese indeficiente, extraordinario y dinámico principio de racionalidad que hace de ellos unas criaturas específicamente distintas de los demás animales, organizadas para ser dominadoras de la naturaleza y destinadas a cumplir fines excelsos cuyo radio supera los precarios linderos del espacio y del tiempo. Podríamos ahondar mucho más en consideraciones del desenvolvimiento psíquico de lo humano, pero ello nos alejaría un tanto del tema central enunciado.

La "educación integral" supone una triple preocupación docente: sobre los tres campos del conocimiento, de la conducta y de la voluntad. Lo primero, o sea el conocimiento, es lo que comúnmente se ha llamado instrucción y que, en forma más propia, debe designarse con el nombre de "información". Comprende el acopio de conocimientos que una persona culta debe adquirir para valerse por sí misma en la vida, ser útil a la sociedad y darse una explicación racional sobre el mundo en que habita y el tiempo en que le ha tocado vivir.

Pero, cualquiera que sea la manera que se imponga a la orientación del contenido de la instrucción, este no dejará de ser más que un problema de contenido. Aparte de él existe, en la educación integral, la delicada cuestión de la regulación de la conducta y de la vigorización de la voluntad. Por eso aspiramos a que nuestras escuelas realicen los ideales de una educación integral, adecuada a las exigencias de los tiempos nuevos y a las imperiosas necesidades del pueblo panameño.

¡Feliz Año Nuevo!

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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