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Para una toma de conciencia universitaria

Por: Redacción 28/10/2013

Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / *Pedagogo, escritor, diplomático.

En Panamá han surgido de nuevo vivas discusiones en torno al desarrollo ulterior de los centros de educación en todos los niveles de enseñanza y, particularmente, en el nivel superior (universidades oficiales y privadas acreditadas que funcionan en el país) y a un fortalecimiento de su capacidad. Motivo de ello son –por ejemplo, en el caso de la Universidad de Panamá– el cuestionamiento del manejo administrativo por parte de las más altas autoridades universitarias, nuevas esperanzas de la economía y de la sociedad respecto a la labor investigadora de la Universidad, así como el hecho de que en el Panamá de hoy, a juicio de los políticos y de un considerable número de ciudadanos conscientes, la calidad de la educación universitaria es, en un alto porcentaje, un tanto deficiente.

Tal vez sea la forma como actualmente se eligen las máximas autoridades universitarias. Se dice, por ejemplo, que es democrática. Y esto ha ocurrido últimamente, por desgracia, en la Universidad de Panamá, donde, en realidad, no ha operado con un verdadero sentido democrático la elección de las autoridades de la misma.

Por otro lado, el Estado panameño, que financia en su totalidad el presupuesto de la Universidad de Panamá, tiene que proseguir una política de austeridad, de modo que la solución sería incrementar la eficiencia del sistema universitario. Durante los años del gobierno militar –concretamente entre 1969 y 1989– la Universidad sufrió una época de decadencia, a pesar del aparente crecimiento cuantitativo registrado en ese lapso. Numerosos catedráticos fueron despedidos a causa de su procedencia o de su actividad política. La Universidad de Panamá fue sometida a un riguroso control político-militar, y las intervenciones en la investigación y en la enseñanza paralizaron la labor propiamente docente y científica en muchos sectores.

Todo ello ha conmovido a la Universidad de Panamá en sus cimientos, con las consiguientes repercusiones negativas, sobre todo en lo administrativo, en lo académico y en la calidad de la enseñanza. De otro modo, se ha intentado demostrar con pesar, mediante informes estadísticos, sobre la baja en la matrícula estudiantil en los últimos años (especialmente en la Facultad de Humanidades, en la Facultad de Ciencias de la Educación y en la de Derecho y Ciencias Políticas), lo que indica en cierto modo un descenso en el supuesto éxito de la labor universitaria en los últimos cinco años.

No obstante ello, cabe formular las siguientes preguntas: ¿Cuántos de los más de 50,000 estudiantes matriculados en la Universidad de Panamá responden verdaderamente a su condición de tales? ¿Saben, acaso, la mayoría de los profesores de dicha Universidad, el contenido propio de la pedagogía, independientemente de la especialidad que se enseñe? Sincera y honestamente creemos que no.

Son muy pocos los profesores de la Universidad de Panamá que conocen y practican esa pedagogía que se define como teoría de las influencias formativas que una conciencia ejerce sobre otra. Esa pedagogía espiritualista, humanista, universal es la que deseamos que venga –ahora en esta nueva época– a la Universidad de Panamá –y otras creadas de carácter oficial– en la persona de profesores eminentes, de profesores sin prejuicios, sin resentimientos, sin enconos, sin recelos: profesores con mentalidad universitaria, lo que desde luego supone, además de cierto bien dirigido saber y de entusiasmo por su especialidad, la comprensión del valor del saber de los demás y el respeto disciplinado de las otras especialidades.

Concebida así la docencia universitaria, deseamos para la Universidad de Panamá –y las otras– profesores modernos al par que eruditos, educadores al par que investigadores, hombres y mujeres al par que intelectuales: funcionarios convictos de la universalidad de su profesión, honestos servidores de la República: ciudadanos que sirvan con lealtad a la comunidad donde tienen el honor de profesar y a la nación que delega en ellos la misión responsable de orientar por caminos derechos a las generaciones panameñas en desarrollo.

Y algo más todavía: creemos que la responsabilidad para una política educativa y la planificación de la educación hasta el nivel superior ha de estar determinada conforme a la nueva estructura del Estado de derecho panameño. *Pedagogo, escritor, diplomático.

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Miércoles 12 de agosto de 2026