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Paradojas

Por: Redacción 08/04/2015

El rejuego político criollo va arrojando cada quinquenio nuevas paradojas que dan lecciones que pocos asimilan. En la Constitución Nacional, de tantas falencias, no se incluye la segunda vuelta electoral; por ende, hoy somos gobernados por un presidente legítimo, sí, pero que a duras penas alcanzó el 40% de los votos.

Con esas cifras, respaldado por un partido que pocas curules consiguió (cosa curiosa y suspicaz), el Ejecutivo ha tenido que aferrarse al partido que ocupó la tercera colocación en los comicios de mayo de 2014.

De ello se deriva una quintaesencia condicionada a nombramientos y demás prebendas, típicas en nuestro patio, amparada por el eufemismo de “pacto de gobernabilidad.” Así las cosas, es fácil deducir que el partido que quedó en tercer lugar el año pasado es el que realmente dictamina los resultados en la Asamblea Nacional, órgano del Estado cada vez más cuestionable.

El acercamiento de estos dos partidos políticos que se decían antagónicos les ha llevado a manejar el poder público, hasta estremecer las instancias judiciales, con tal de saciar su sed de venganza hacia personajes adversos, más que aplicar la sana justicia que esta sociedad merece.

Otro objetivo del llamado pacto es magnificar las fallas del gobierno anterior, haciéndole ver como la gran corrupción histórica para así soslayar la malversación de fondos estatales que estos mismos grupos políticos han suscitado en los últimos decenios en este país y que hoy pocos citan por conveniencia.

Hoy la institucionalidad de Panamá peligra grandemente.

Los adalides que se autoproclamaban hace unos meses voceros de la sociedad civil enmudecen, como también aquellos que estaban tras la caza de faltas a la ética antes de mayo de 2014.

Por otra parte, la tibieza del partido que consiguió el segundo lugar en las elecciones es vergonzosa, haciendo una oposición de “sombra”, a la espera de que algún fruto caiga… quien tenga oídos para oír que oiga…

La cortina de humo que realizan comunicadores sociales bien remunerados impide al ciudadano distinguir hasta qué punto este país va hundiéndose por la mediocridad de quienes dirigen el Estado.

Es una falacia decir que hay separación de poderes, nunca la hubo ni la habrá mientras la Carta Magna heredada de la dictadura militar siga vigente.

Si no hay órgano garante de la aplicación diáfana de la justicia, que a la vez vigile para que los políticos no reinen a sus antojos o sirvan de peones para que gente “poderosa” reine a través de ellos, el panorama se oscurecerá más.

La Corte Suprema debe despolitizarse. Debe haber un mecanismo que permita el escogimiento de sus magistrados lo más alejado de los caprichos de los presidentes, mucho más cuando estos ni siquiera obtengan su cargo con el 51% de los votos en los comicios generales.

¡Que viva la República del Istmo de Panamá!

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Viernes 31 de julio de 2026

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