París era una fiesta (y en Panamá, la chirola)

Por: Redacción 15/08/2011

Quizás sea el mejor libro del fabuloso escritor Ernest Hemingway. “París era una Fiesta” refleja el panorama de la capital de Francia hacia 1920. Desde aquella época, pasaron casi 100 años y París cambió.

En los últimos años, desde abril de 2010, Manuel Antonio Noriega espera su vuelta a Panamá, durmiendo en una precaria cama en la prisión de La Santé, en el corazón de París.

Ya su vuelta a América es una realidad. Antes de fin de año –quizás en septiembre u octubre próximo-, el exdictador estará gozando del calor del trópico, tras más de 20 años de ausencia forzada, según anunciaron las autoridades de Francia y ratificó la Cancillería de Panamá.

Lo único que falta por conocer, es en qué lugar pasará sus últimos años el ex “hombre fuerte”: si en su casa disfrutando de sus nietos –cómo pidieron sus familiares- o en una cárcel.

El viernes pasado, el presidente Ricardo Martinelli dijo, en buen panameño, lo que piensa el Ejecutivo sobre el futuro del exmilitar: “Ese tipo viene para acá y va para la chirola”, dijo.

De cualquier forma, no será el Gobierno ni el presidente los responsables de decidir sobre el futuro de Noriega y el lugar en que se alojará en el país.

Será la justicia -la maltrecha justicia- la que terminará firmando el documento que le otorgue, o casa por cárcel o un pasaje a la prisión.

Esa justicia que debe entender que, pese a la edad, el viejito, que llegará desde París, tiene cientos de cuentas pendientes. Demasiadas.

Demasiadas muertes. Demasiados desaparecidos. Demasiados torturados. Demasiados exiliados. Demasiado daño.

Y, además, un decapitado cuyos familiares aún esperan por justicia.

El abuelo, que llegará en un vuelo que cruzará el Atlántico , no es un nombre más.

Sus cuentas pendientes son demasiadas.

París fue una Fiesta en la década del 20 para Hemingway.

Panamá lo será, casi 100 años después, si Noriega termina sus días en la chirola.

Edición Impresa

Jueves 28 de mayo de 2026
banner
banner
banner