Paro insólito
El paro de clases urdido por el conocido grupúsculo de politiqueros disfrazados de docentes se erige como una acción antipedagógica sin precedentes. Al no poder argüir reclamos magisteriales y otras motivaciones de competencia magisterial, en esta ocasión se recurrió al despreciable recurso de rechazar el sistema de autoevaluación de los profesores que condicionan los aumentos salariales de $900 en forma escalonada.
Pretenden esconder las deficiencias cognoscitivas que desnudaría la evaluación y obtener incrementos económicos a la brava, sin someterse al escrutinio pedagógico. Los alumnos, padres de familia, las autoridades educativas conocen a estos politiqueros refugiados en posiciones seudosindicalistas. Ellos encarnan y representan las deficiencias inherentes al profesorado divorciado de los avances de la ciencia y la tecnología.
Afortunadamente, hay numerosos docentes que tienen conciencia de la importancia de la autoevaluación y que han pasado voluntariamente por el proceso implementado por el Ministerio de Educación. Colaboran así al perfeccionamiento de los métodos de enseñanza encaminados a lograr el óptimo rendimiento de los estudiantes; en última instancia, los protagonistas centrales de la educación pública.
Se podrá de esta manera trazar las rayas divisorias del docente que noblemente aprende más para enseñar mejor y los que no vacilan en ausentarse irresponsablemente del dictado de clases por el motivo más trivial que se les ocurra tomar como pretexto.
Viven agazapados en sus cubículos aferrados insidiosamente al permanente sabotaje de la enseñanza, sin importarles que los estudiantes son los perjudicados por su deserción de las aulas. A medida que avance la autoevaluación del rendimiento individual adherida a la recepción de los primeros $300 acordados.
Acontece que los aumentos escalonados los tomaron por sorpresa y los dejó perplejos. En el delirio de sus reclamaciones no llegaron a concebir que se estructurara el escalonamiento de los aumentos salariales de $900, muy por encima de sus aspiraciones más extremistas.
Se trata de movimientos que responden a estrategias de oposición electoral sincronizadas con la víspera de las elecciones generales. A semejanza de las amenazas huelguísticas del Suntracs lo que persiguen es crear condiciones de agitación del orden público para perturbar el clima de las elecciones de mayo.
Los agitadores profesionales; sin embargo, no logran escabullirse de la crónica constancia de que, tal como lo confirman todas las encuestas y sondeos de opinión, registran unánimemente el rechazo de los votantes. Apenas llegan al 1% o 2% del porcentaje de las preferencias de los encuestados porque el pueblo sabe que miran a Panamá con anteojeras, viendo sus intereses crematísticos y no el contexto socioeconómico del país.
Los agitadores de la enseñanza tienen puestos cautivos en los colegios. Saben que no se les va a remover.
Los agitadores de la construcción no obtuvieron una estabilidad y remuneraciones comparables al boomde obras públicas y privadas. Sus exigencias salariales presionan los costos de construcción, e impiden que las clases populares satisfagan sus necesidades de vivienda. Esta es la realidad del búmeran que los empequeñece en los comicios.