Partidos evangélicos
Un grupo de evangélicos, en 1994, presentó una oferta electoral de un colectivo político que constituyeron. Esto fue criticado por los prejuicios y las antipatías sui generis de sus detractores. Se extinguieron, legalmente, por no llenar la cuota de votos requeridos en las elecciones de 1994, por causa, tal vez, de la inexperiencia política de sus miembros, el divisionismo interno, el hecho de que el voto evangélico no estaba cautivo y la fuerza de los partidos tradicionales. En los últimos años, los evangélicos han crecido. Su influencia es innegable (radio, televisión, escuelas, universidades, labor humanitaria, etc.). Lo que más los une, cuando se trata de movilizaciones sociales, son las amenazas contra los valores morales y espirituales, no así los temas estrictamente políticos, empero, entre ellos, hay mucho de que "cada cual hala para su lado" y de que algunos de sus líderes son "príncipes y ungidos".
El debate se abrió, en los últimos tres años, por propuestas de partidos políticos que intentan fundarse por clérigos evangélicos y sus seguidores, aunque, la presencia de este tipo de personas, hace rato, es una realidad en el ámbito político nacional. Ahora bien, estos clérigos y sus seguidores tienen todo el derecho de inscribir y ser parte de partidos políticos, y, en caso tal, serán fuertemente afectados si no se ciñen a los requisitos jurídicos y a las expectativas sociopolíticas en el sentido de que los partidos políticos deben garantizar la participación democrática, libre, pluralista y representativa de sus miembros. Aprovechamos la coyuntura para expresar que la terminología "partidos evangélicos" no es la más apropiada, ya que estas nuevas propuestas político-partidistas también están integradas y lideradas por personas que no son evangélicas.
El malestar de muchos se centra en que los clérigos buscan poder terrenal, a pesar de que su misión principal es espiritual. ¿No tienen suficiente con el poder que ejercen sobre sus seguidores?, es la pregunta gravitante en el sentir popular. No ponemos en duda que sus motivaciones son nobles, pero, hay quienes afirman que ellos se olvidaron de las razones por las que se hicieron clérigos, es decir, ser agentes de cambios sociales por la influencia divina y vivencia de sus doctrinas.
Dicen que van a promover y defender la justicia y los valores, lo cual es plausible, pero, ¿cómo lograrlo con métodos humanos y junto a personas con principios religiosos diferentes? ¿Cuál será su posición sobre asuntos que ellos adversan, pero, que están reconocidos por el ordenamiento jurídico, por ejemplo, la comercialización de cigarrillos y licores, los juegos de suerte y azar, y los derechos lgtbi? Muchos aseveran que ellos serán escarnecidos por la opinión pública, si, por llegar al poder, fuesen laxos ante los antivalores imperantes en la sociedad.
Abogado y locutor