Partidos políticos, de espaldas a sus militantes y adherentes
La situación que vive nuestro país con respecto a las ejecutorias de los anteriores funcionarios que han sido llamados a diferentes oficinas del Ministerio Público, es paradigmática. Pero no me quiero detener en casos particulares ni en gestos solidarios. No soy abogado y no pretendo simular que lo soy ahora. Mi objetivo es que reflexionemos sobre la realidad de los partidos políticos en Panamá con respecto a su militancia y adherentes.
Y es que los partidos políticos de oposición y gobierno en este país han retrocedido a épocas en las que su única función, como ya he escrito antes, es la de agencias de empleo. Pero más allá de eso, la situación legal de muchos de los afiliados a estos partidos de oposición parece haberlos tomado de sorpresa.
No se ve una defensa partidaria coherente y cohesionada. Parece que los partidos políticos adolecen de vida interna y, por supuesto, de militancia política. A estas alturas, el uso del subsidio electoral por parte de estas organizaciones políticas es, por decirlo diplomáticamente, dudoso.
Los partidos deben gastar una buena cantidad de los recursos destinados por el Estado para pagar su operación, en formación política. Eso no está sucediendo en la práctica, sin embargo, los partidos se arreglan para presentar cientos de facturas y papeles con miles de firmas, en lo que pareciera ser una cantidad de gente en seminarios de formación.
Los partidos políticos panameños han debilitado hasta los cimientos a las organizaciones sectoriales. En el caso juvenil, la vieja práctica de desplazar a la dirigencia partidaria juvenil por, y sin excepción, los amigos de los hijos de los candidatos que, al final, son los que terminan organizando los movimientos juveniles electoreros, armados de una cantidad casi infinita de dinero y recursos. Cansados de esto, los dirigentes juveniles brillan por su ausencia en los partidos políticos actuales.
El sectorial femenino de los partidos políticos, no pasa de reuniones y actividades menores. Casi culturales. Hay casos en los que, abiertamente, dirigentes del nivel de diputados de la República enfrentan abiertamente el liderazgo de su líder sectorial femenina. Las disputas partidarias ya no terminan con el vencedor de una elección. La falta de formación hace que se tomen las cosas personales y, finalmente, sea el partido el que pierde.
Y ni hablar de otros como los profesionales, que jugaron en su momento un papel crucial como cantera para refrescar las dirigencias partidarias. La falta de interés de los que ahora militan en organizaciones no gubernamentales y la empresa privada en general ha dejado a los políticos de siempre, y los no tanto pero que ya probaron lo que es ser funcionario, sin la posibilidad de recambio de dirigentes.
Regresando al caso de quienes son investigados por corrupción, evidentemente los partidos políticos no están listos, de forma alguna, para apoyar la vida del militante o, en principio, dar seguimiento a las situaciones de coyuntura política del país, y respaldar a su militancia desde el profesionalismo político, al cual ya debió haber llegado nuestro país en materia política, si contabilizamos la cantidad de recursos que se han gastado en subsidio electoral en todos estos años.
Los partidos políticos no tienen vida interna. Vegetan entre jornadas de inscripción. Esos desgraciados eventos que resultan carísimos y que solo ayudan a reforzar internamente al que posee los recursos económicos para movilizar personas a los centros de inscripción partidarias. Lo cómico de todo esto es que, en un enorme porcentaje, es la misma gente que rota de un partido a otro, dispuesta siempre a apoyar a quienes los apoyen económicamente.
Es una desgracia. Por eso las sedes partidarias, tanto de gobierno como de oposición, son edificios casi fantasmas donde, gracias a nuestros recursos destinados a estos por vía de nuestros impuestos, se puede apreciar a burócratas partidarios que, sin rumbo, dan vueltas todo el día en las sedes de los partidos políticos, a la espera de la hora del almuerzo o, y para eso sí se preparan todos, de la salida.
El que pierde es el sistema democrático. Un país con partidos políticos débiles, tiende a convertir los mismos en organizaciones de transición para satisfacer los apetitos de poder de quienes consiguen los recursos económicos, siempre con amigos acaudalados atrás, para lograr posiciones gubernamentales de elección.
Urge revisar todo el sistema que el Tribunal Electoral ha manejado hasta hora frente a esta realidad. No se puede seguir usando los recursos de todos para, cada vez con mayor énfasis, alimentar el clientelismo en nuestras organizaciones políticas. Por eso en Panamá no hay izquierdas ni derechas. Ni progresistas ni reaccionarios. Hay políticos y seguidores. Es la realidad.