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Partidos políticos débiles, democracia frágil

Por: Redacción 12/03/2015

Ingeniero y comunicador Social

Me preocupa el rumbo de los partidos políticos en nuestro país. Siento que luego de las elecciones de 1989, las organizaciones políticas en Panamá están en su peor momento estructural, organizativo e ideológico.

Sin otro rumbo que ganar las próximas elecciones generales, los partidos han involucionado a organizaciones coyunturales las cuales, en el mejor de los casos, las elecciones los toman casi por sorpresa.

La peor parte es cuando terminan de opositores. Con la irrupción de Cambio Democrático, el bipartidismo es cosa del pasado y, ganar las siguientes elecciones casi con seguridad sin importar cuál es el candidato -por supuesto gracias a los errores del partido gobernante- ha terminado.

Los llamados partidos chicos ya se conforman con estar a disposición del mejor postor, sin importar si apoyaron a un candidato completamente diferente en cuanto a orientación política en el pasado reciente.

Escribo lo anterior porque estamos ante un gobierno que no tienen oposición. Ninguna. Y eso siempre es peligroso, sobre todo en un país con una constitución hiperpresidencialista, que convierte al jefe del Estado en una especie de rey por 5 años, casi sin ningún tipo de controles por parte de los que constitucionalmente están llamados a hacerlo.

El Partido Revolucionario Democrático ya no vive solamente una de sus conocidas y recurrentes crisis internas. Se encuentra en medio de una vorágine autodestructiva que, milagrosamente, no ha devenido en la creación de otras organizaciones paralelas dividiendo la original.

Y es que ni siquiera los veo que hayan llegado a tocar fondo. Sería bueno saber cómo va a terminar el tema. Mientras tanto, el Gobierno cuenta con la mayoría legislativa gracias a una especie de alianza legislativa – transacción política en la que los puestos gubernamentales son la moneda de cambio y a manera de trueque, algunos proyectos importantes para el Ejecutivo. Algunos.

El partido Cambio Democrático tiene dos graves problemas. Su presidente no se encuentra en el país. No hay manera que una organización política sobreviva si su máximo líder no encabeza la misma personalmente en el campo. Todo lo demás es falso. Lo otro, ante la ausencia del líder, la casi totalidad de su junta directiva ha desaparecido del escenario nacional. Sin secretario general, vicepresidentes, etc. Una verdadera desbandada.

La bancada legislativa de Cambio Democrático es lo único que queda visible. Y le sigo llamando bancada porque así aún se autodenominan. Pero la verdad es que son como grupitos coaligados que actúan de manera autónoma y solo se ponen de acuerdo si, y solo si sus intereses muy particulares se ven amenazados.

A la izquierda, sin formación política legal, solo le queda actuar a través de las organizaciones estudiantiles enquistadas en la Universidad de Panamá y los sindicatos de trabajadores organizados. Y hasta estos grupos están como anestesiados.

Esta situación no le conviene al Gobierno. La percepción de parálisis es más que eso. Da la impresión de un gobierno detenido, sin ideas, y que ahora no sabe qué hacer. El presidente Varela, de manera muy optimista, espera que los números cambien y las cosas mejoren. Me gustaría saber cómo, si no se está haciendo nada para que así sea.

Entonces, la necesidad de una oposición constructiva, pero beligerante y con alternativa de gobierno, es imperante. El gobierno actual requiere de cumplir sus promesas de transparencia y la mejor forma es a través de una oposición que esté pendiente de eso.

Los medios de comunicación están, de alguna manera, metidos de lleno en la revisión de las actuaciones de los funcionarios del gobierno pasado, ante las falencias de presupuesto y recursos por parte de los entes investigadores y recopiladores de la información requerida.

Debo reconocer que, durante lo poco que va de esta administración, la relación del Gobierno con los medios de comunicación es bastante buena, mejorando la situación que lamentablemente todos recordamos en el pasado inmediato. Ojalá esto se mantenga así en el momento que a los propios medios de comunicación no les que- de otra, que llenar el vacío de una sociedad política organizada que fiscalice y empuje la gestión gubernamental y así evite que se cometan los errores del pasado.

La sociedad civil puede hacer un trabajo deliberativo y propositivo importante, pero el sistema democrático moderno descansa en los partidos políticos. La fuerza de los mismos es proporcional a la fuerza de la democracia en la cual residen. De lo contrario, siempre correremos con la posibilidad de encontrar al final del camino, un líder mesiánico refundacional que, Dios no quiera, nos lleve por el mismo camino que transitan países como Venezuela. No es descabellado. Aún están los líderes políticos del país a tiempo para reflexionar sobre esto.

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Viernes 31 de julio de 2026

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