Partidos políticos, la seguridad y la soberanía alimentaria
La situación de la seguridad alimentaria en nuestro país deja mucho que desear. Recordando los datos de la FAO, se puede señalar que el 13.1% de la población panameña sufre de desnutrición, mientras que el 19.2% se encuentra en condiciones de deficiencia alimentaria. A esto se debe agregar, que la presencia de los procesos inflacionarios observados en el país ha significado que en los últimos seis años la tasa de crecimiento promedio anual del costo de la canasta básica alimenticia haya sido de 5.7%.
La soberanía alimentaria no está mejor. Es así, por ejemplo, que el país ha necesitado importar alrededor de $1,000 millones anuales de alimentos, en condiciones tales, que actualmente importamos cerca del 70.0% de los cereales utilizados localmente, mientras que hace quince años este indicador alcanzaba a tan solo el 48.1%. También se puede destacar que el desastre de la soberanía alimentaria en el país se refleja en el hecho de que mientras el producto interno bruto del sector agropecuario alcanza a tan solo el 2.9% del total, en el mismo se encuentra ubicado más del 15% de la población económicamente activa del país.
Frente a toda esta situación, que cada vez más capta la atención de la población, los candidatos de los partidos políticos tradicionales han venido haciendo un uso de posiciones demagógicas, las cuales riñen con sus verdaderos antecedentes, intenciones e intereses. La evaluación de estas posiciones resulta, por tanto, un ejercicio útil y necesario.
En relación al partido Cambio Democrático, actualmente en el poder, no puede menos que resultar extraño que uno de sus aspirantes a la candidatura presidencial haya señalado que uno de sus objetivos es la soberanía alimentaria. Teniendo en cuenta que “por sus frutos los conoceréis”, es conveniente recordar que en lo que va del presente gobierno el sector agropecuario ha mostrado una tasa de crecimiento promedio anual de apenas el 0.8%, la más baja de todos los sectores de la economía, exceptuando la pesca, sector también vinculado con la alimentación, cuya tasa fue de -19.9%. Así mismo se debe tener en cuenta que la tasa de crecimiento del costo de la canasta básica alimenticia durante la actual administración alcanza a cerca del 16.2 %. En este caso, como es de esperar, el spot publicitario no plantea ninguna política para abordar la problemática.
Por lo que se refiere al candidato del Partido Panameñista, quien ha prometido introducir el control de precios, se debe señalar, en primer lugar, que congelar los precios de la canasta básica a su actual nivel, simplemente significaría asegurar las actuales ganancias especulativas de los grandes comerciantes, a la vez que se mantiene deprimida la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Si este colectivo político ofreciera algo más que posiciones demagógicas, tendría que hacer uso de la conocida, al menos para quienes tratan el problema científicamente, regla de Timbergen: por cada objetivo se necesita una palanca de política económica.
Deberían entonces entender, que para resolver el problema de la seguridad y soberanía alimentaria, hacen falta elementos tales como: control de precios, un aumento general de salarios, protección y promoción efectiva de la producción nacional frente a la competencia externa, la eliminación de la especulación de los comerciantes, con el fin de que el producto goce de un precio remunerativo y el consumidor urbano tenga un moderado costo de vida. Más aún, el Partido Panameñista debería dar una explicación de por qué durante su participación en el actual gobierno el costo de la canasta básica alimenticia se elevó en cerca de $23.01, en condiciones en que sus funcionarios de gobierno no propusieron nada para evitarlo.
En el caso del candidato del PRD, el mismo también ha realizado promesas en relación al tema. En estas, propone la idea de una nueva política de Estado para lograr la meta de la seguridad alimentaria.
En este caso, para comenzar, nada se dice sobre la necesidad de elevar, vía un aumento general de salarios, aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, como tampoco nada se dice en torno al control de precios y la eliminación de la especulación comercial. Mucho menos se destaca el grave peligro que para los productores representa la puesta en vigencia del TPC. Esto último no es de extrañar en un partido tradicionalmente comprometido con la visión neoclásica y los intereses del capital foráneo.
Si corromper, de acuerdo a la Real Academia, es sinónimo de viciar las cosas, nos encontramos frente a una forma corrupta de hacer propaganda. Los responsables del Pacto Ético Electoral tienen la obligación de actuar.