Pasaporte y Marca País
Tácitamente se celebró esta semana en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá el V Foro Internacional de Marca País y subrayo la discreción porque únicamente participaron 10 países de la región cuando el tema en discusión es harto importante en la venta de prestigio que tonifica un destino. El evidente impacto de la marca país se verifica en turismo, exportaciones y atracción de inversiones, temas en los cuales consternadamente Panamá ha marchado en franco deterioro. La diferenciación que distingue a Panamá de sus vecinos se imprime no solamente en el Canal. El martes en el programa radial Panamá Productiva, que acaudilla el insigne periodista Roosevelt de Icaza en La Exitosa Radio, puntualizamos el centro logístico como una arista de la visión de emperador Carlos V de España, quien ya para 1524 ordenaba los primeros análisis de la comunicación entre el Atlántico y el recién descubierto Mar del Sur por el Adelantado Balboa en nuestro Darién en 1513.
El diario "The New York Times" nos describe como "una vergüenza de belleza tropical", senda bofetada para todos aquellos que quieren exportar ecología como su magneto, sirviendo la icónica e única obra de Frank Gehry en Latinoamérica y el Caribe, el BioMuseo, estratégicamente ubicado en la entrada desde el Pacífico del Canal de Panamá, como la emblemática ilustración del verdor istmeño.
Las crónicas nos ubican en los "viejos senderos retorcidos" que tan ilustremente nos recuenta Ricardo Miró en su poesía Patria, porque es aquí y en ningún otro sitio del universo donde el Camino Real entre Panamá La Vieja, primera ciudad del Pacífico de las Américas, y Portobelo, el bazar territorial durante la colonia, se convierte en la Ruta del Oro, sitio donde circula la mayor cantidad del valioso metal en la historia universal. ¡Qué lástima que nuestra visión de turismo sea tan limitada en mediocre liderazgo, que su hito sea la celebración de unos Carnavales a medio palo, en vez de la reconstrucción de las ciudadelas y el cordón que les une para lucir la verdadera marca país, más allá del Canal que es su venerable gestación!
El diccionario de la Real Academia Española define pasaporte como "licencia o despacho por escrito que se da para poder pasar libre y seguramente de un pueblo o país a otro". Recuerdo en enero de 1960, la presentación del salvoconducto istmeño en los muelles de la ciudad de Nueva York, al arribo a bordo del buque Cristóbal, emitido en aquella oficina de pasaportes a un tris de la iglesia de La Merced en el Casco Antiguo, cincelado con la foto del estudio de Gerardito en Perejil, donde aparece mi sonriente madre Mercedes sentada al frente con sus ensacados infantes, mi hermano Alfredo y yo, al fondo. Pasaportes simpáticos de la época, diferentes, con personalidad. Hoy en día, el valor de un pasaporte es intrínseco de la marca país. Algunos brillan prestigio, como es el caso de Singapur, que ocupa el primer sitio, otros van hacia el despeñadero como ocurre con la credencial de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump. ¿Y la República de Panamá? Ante todo, brillante idea fue el cambio del cuadernillo porque el pasaporte que portábamos desde los tiempos de dictadura daba vergüenza por su fétido color celeste excusado y sus caricaturitas tercermundistas.
Arton Capital se especializa en la medición de la calidad de pasaportes por país. Examinando su índice 2017, Panamá figura como número 35, a la par de Paraguay, superado por más de una docena de países de la región, certeramente salpicado por la negatividad del corrupto tatuaje Odebrecht y los "papers". Su director en Singapur, Philippe May, en reciente entrevista a CNN, resalta: "Países pequeños que no son amenazas para nadie, al igual que naciones inteligentes y abiertas, especialmente donde existe una firmeza legal, son las más aptas para el mejoramiento". Al cambiar el timonel, ojalá emulemos al líder, optimizando de esta forma nuestra marca país.
Líder empresarial