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Pasos hacia la luz

Por: Redacción 13/06/2014

La educación es el compás que nos abre el destino para entrar al paraíso futuro de la prosperidad, donde se anuncia contagiosamente la llegada de nuevos días, lo que motiva el contacto con las parvadas de jóvenes entusiastas e ingeniosos propuestos a enarbolar la acalorada antorcha con el ánimo de hurtarles a los conocimientos sus secretos y entrar así en el extendido ciclo del intrincado mundo del saber que estimula con ardor el atractivo universo de los actos radiantes que promueven al individuo, invitando afanosamente su llegada a los predios de la clarividente intelectualidad.

Afincados en el cultivo emocional, amparados en la legítima conducta desprendida, nos abalanzamos hacia la conquista de la victoria abrumadora. El impulso de la habilidad intelectualidad procede como el río que inesperadamente enriquece su caudal por obra de las copiosas precipitaciones atmosféricas. Acudimos a la escuela incentivados por un fuego interior espiritual, cuando aún no somos dueños de los diestros movimientos de los dedos de la mano tendientes a dominar los impulsos sucesivos en los contornos de las letras. He aquí el esfuerzo, nuevo camino señalado que presume el interés, abrazo de convivencia pasional con las ideas magníficas, donde las células cerebrales nos trasladarán inevitablemente a los predios del razonamiento y la reflexión, obviamente experimentando cambios, puestos en contacto con las reacciones fenoménicas inmediatas y, de hecho, encontrarnos en los gloriosos sabores del triunfo. La escuela es un auxiliar, un medio coherente, no un instrumento formal de accionar indiscutible, ella moldea el material dinámico entregado proveniente del hogar, razón juiciosa que sirve de arma decisiva en la lucha por la vida, en comunión con la producción de frutos abundantes que servirán de carta de presentación durante toda la existencia. Lo más patente que podemos aplicar es nuestra mente, que viaja en presurosa intimidad con la razón, desplazándose en el flamante vehículo del discernimiento.

La actividad conlleva lo perfecto con que contamos en la vida, donde podemos mostrar una cualidad sagrada, la motivación del talento, herramienta de poder maravillosa e indestructible que abre las puertas herméticas que esconden en su interior la desagradable ignorancia que arruina con entereza su fondo. Tenemos dentro de la cavidad encefálica un astro invisible irradiándolo todo, despidiendo destellos de luz, nuestra conciencia, gobernante de los albedríos y la voluntad, que nos empuja hacia lo desconocido en la búsqueda incesante de lo ignorado, impulsado por el dínamo espiritual. Cuán justa es la virtud cuando de sus optimistas veredictos podemos obtener los abundantes frutos del conocimiento, donde educarse es el pulido objeto tan suave como la mullida lana. Del hombre educado se pueden esperar los mejores modales cuantiosos de urbanidad, peldaños sostenibles que nos conducen a la cumbre hospedante de la comunicativa generosidad.

Instruirse es pulirse y acicalarse, elevados elementos multiplicadores del ingenio mental intuitivo que crece como la espuma con la mente proyectada en el esperanzador porvenir motivado por la provocadora superioridad. Función de entero protagonismo positivo, presentador evidente del quehacer del individuo, sobre el ambiente de sorprendentes transformaciones cambiantes, endilgadas a capturar con supremacía las entusiastas comodidades tecnológicas.

Cuando investigamos aprisionamos el conjunto universo afectivo a donde somos llevados de la mano al mundo de la verdad. Ignorar es dudar, el ignorante jamás conocerá el ambiente estático donde mora la verdad, porque carece de deducción. Uno de los atributos descollantes de estricta pureza es su calidad, ejemplo que se impulsa desplazándose como alimento reparador, precipitado por el flujo de elementos persuasivos, básicamente compenetrados en los cambios estructurales orientados por el nuevo mundo contemporáneo.

Nuestro sistema educativo debe ser investigativo, exigente y receptivo, eminentemente acogedor de los cambiantes ordenamientos del evolutivo medio moderno. Estudiamos para ser cada día mejores competidores en un ambiente social, dispuesto a capturar las envidiables oportunidades que nos son obsequiadas por la excelencia. Debo comunicar con sinceridad, en el pasado estudiamos con alegría y devoción, los resultados pasaban a las graderías para dar cima a los perseverantes esfuerzos con amor, pues no se veían los entuertos que se aprecian hoy. No mantengo reservas al pensar que el hogar ha perdido su rol verdadero de conductor y, repito, el educador es un guía reglamentario, no un corregidor de conductas desviadas, desordenadas y despreciables. Cabe notar que en el pasado, concadenar los conceptos fue afán sin tregua, muy propio de los triunfos del ideal, aliado de la lúcida cualidad positiva, el respeto, ese ha sido el barco que ha recorrido los gloriosos mares triunfales hasta los actuales días, licencia elogiosa para enunciar: dichosos los que hemos tenido la fortuna de coronar los éxitos floridos de la vida, sobre la frente augusta de las horas que pasan en silencio, respetando las lumbreras del saneamiento purificador.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026