Pastor emérito Carlo Martini, SJ.
El cardenal Carlo María Martini, arzobispo emérito de Milán, después de 22 años de servicio pastoral ha fallecido el viernes 31 de agosto de este año. A sus honras fúnebres, reportan los informes, acudieron alrededor de 200,000 personas. El sumo pontífice envió al vicario de su santidad para la Ciudad del Vaticano, el cardenal Angelo Comastri, quien antes de la liturgia funeraria leyó el mensaje del papa:
Queridos hermanos y hermanas:
En este momento deseo expresar mi cercanía con mi oración y cariño a toda la Arquidiócesis de Milán, a la Compañía de Jesús, a los familiares y a todos aquellos que han estimado y amado al cardenal Carlo María Martini y han querido acompañarlo para este último viaje. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Salmo 119, 105). Las palabras del salmista pueden resumir toda la existencia de este pastor generoso y fiel de la Iglesia. Fue un hombre de Dios que no solo estudió la Sagrada Escritura sino que la amó intensamente, e hizo de ella la luz de su vida, para que todo fuera “ad maiorem Dei gloriam”, para la gloria de Dios.
Y por ello fue capaz de enseñar a los creyentes y a los que están en la búsqueda de la verdad, que la única Palabra digna de ser escuchada, acogida y seguida es la de Dios, porque indica el camino de la verdad.
Lo fue con una gran apertura de espíritu sin rechazar nunca el encuentro y el diálogo con todos, respondiendo concretamente a la invitación del apóstol de estar siempre dispuestos a responder a cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen (1 de Pedro, 3-15).
Lo fue con un espíritu de caridad pastoral profunda, según su lema episcopal “pro veritate adversa diligere” (amar lo adverso a favor de la verdad”), atento a todas las situaciones especialmente a las más difíciles, cercano con amor hacia el que estaba en confusión y desaliento, en la pobreza y en el sufrimiento.
En una homilía de su largo ministerio al servicio de esta arquidiócesis ambrosiana oró de este modo “Te pedimos, Señor, que hagas de nosotros agua de manantial que brota para los demás, pan partido para los hermanos, luz para los que caminan en las tinieblas, vida para los que andan a tientas entre las sombras de la muerte. Señor, sé la vida del mundo; Señor, guíanos hacia la Pascua. Junto caminaremos hacia ti, llevaremos tu cruz, gustaremos la comunión con tu resurrección. Contigo caminaremos hacia Jerusalén celestial, hacia el Padre” (Homilía del 29 de marzo de 1980). El Señor, que ha guiado al cardenal Carlo María Martini en toda su vida, acoja a este incansable servidor del Evangelio y de la Iglesia en la Jerusalén del cielo.
Monseñor.
