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Patinazos

Por: Redacción 29/09/2013

REDACCION / PANAMA AMERICA

Dos casos de inmadurez política y emocional someten al escrutinio nacional las reacciones de los candidatos presidenciales Navarro y Varela. Violando el principio jurídico de la presunción de inocencia, Navarro se precipitó a ordenar la expulsión y la anulación de la candidatura del diputado Raúl Pineda a la reelección, quien ganó el primer lugar de las elecciones primarias del PRD. Obsesionado por limpiar su candidatura de tachas políticas, asunto que aclarará en su momento la investigación de la fiscal del Ministerio Público, invirtió las reglas del debido proceso, acusando sin haber investigado previamente la implicación del legislador del PRD.

Ahora, al parecer, en el proceso interno se examinará si es un “infiltrado” de Cambio Democrático por la presentación de un proyecto de ley sobre impuestos a la venta de licores. Por motivos similares podría someter a procesos disciplinarios a otros miembros de la bancada que tampoco lo apoyan.

Esta clase de vendettasintestinas son incalificables en un partido que cada vez más se aleja de la revolución torrijista y que practica con prepotencia los métodos antidemocráticos de la dictadura. No debería sorprender esta clase de reacciones en quien se confesó incondicional de Noriega, suplicándole que lo regañara con morbosidad sadomasoquista.

Por otro lado, el ataque reciente del candidato panameñista a un periodista por cometer el sacrilegio de solicitarle opinión sobre el resultado de las encuestas políticas, le quita el falso vestuario a un lobo disfrazado de oveja. El gremio periodístico ha rechazado esto en forma unánime y exige disculpas públicas, y no simples llamadas telefónicas, por lo que no solo reviste una agresión de orden personal, sino una violación a los principios constitucionales de apoyo a la libertad de prensa. Cualquier otro político habría manejado la situación con tino y madurez. Sin embargo, ha dejado al descubierto la hasta ahora escondida intolerancia en sus reacciones cuando las preguntas periodísticas no están endulzadas con el azúcar de las plantaciones de caña de Pesé.

Las campañas electorales ponen en la vitrina pública las personalidades de los candidatos a los puestos de representación popular. El hecho es que estos dos candidatos no hacen otra cosa que dispararse a los pies. Pierden puntos al hablar imprudentemente cuando les aprietan los zapatos. Engolan la voz cuando se enfrentan a las cámaras, o hablan de la paila cuando nacieron en cuna de oro, entre pañales de seda. Poco a poco los votantes van conociendo a los políticos sinceros y a los que, en verdad, son actores de la política que van de la farsa a la comedia.

Una de las recientes falacias lanzada pretende generalizar la crisis moral por la que atraviesa un solo partido. Los antecedentes del homicidio se enmarcan en antiguas rivalidades de bandas de San Miguelito. El Ministerio Público investiga las pruebas que deben esclarecer si estos actos bochornosos, cuyos detalles, desde hace tiempo, conocen los directivos de ese partido, responden a móviles políticos o gansteriles, o ambos. Es irresponsable achacar a otras formaciones lo reprobable de un partido que rehusó asumir su responsabilidad específica ante la presencia evidente de elementos espurios en su organización. Las tácticas de evasión del saneamiento interno lo hundirán más y más en las compulsas del sentir popular.

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