Patria descuartizada por una élite
Creo que Panamá nos pertenece a todos. Todos los que hemos nacido y, aun cuando no, en este terruño, lo amamos y llevamos el concepto de Patria muy arraigado en nuestras almas. Me causa por ello pesar el advertir cómo se despedaza la Patria. Una tirantez terrible en todo y por todo. Nos hemos convertido en maestros fecundos de las distorsiones. Todo lo polemizamos. En todo vemos la intriga, la mala fe y el oportunismo. Como que la Patria nació en una cuna de corrupción.
Algún historiador señaló, en su momento, que nuestras naciones, las latinoamericanas, se forjaron en medio de las componendas políticas, el dado, las cartas y los gallitos de pelea. Luego vinieron los casinos –están por doquier- . En el siglo XX, Fito Aguilera escribió “Rosca S.A”. –Novela prohibida para los mojigatos, los serviles y los hipócritas-, obra en la que describe, de modo espectacular, el comportamiento de la política criolla: chantajes, sobornos, actos venales, engaños, promesas incumplidas, acuerdos inmorales, remarcados por una oligarquía que no deja a otros prosperar. La oligarquía panameña pareciera tener distintivos muy propios: mezquina, egoísta, perversa, excluyente, clasista. Nunca ha pensado en indios ni en nada de los pobres.
Por el contrario, los mira como parias y cuando dice estar con ellos o apoyarlos es porque algo busca o quiere de ellos. Que no nos echen cuentos. Manipula, orquesta, desdeña y destruye. Este país no puede ser descuartizado por una élite que se cree con el derecho propio, sacrosanto y exclusivo de hacer que los demás los sigan como borregos al matadero. No soy de esos que todo se lo creen, o que todo lo aceptan. Me gusta analizar a mis interlocutores. Me encanta, manía nata en mí, preguntarles, repreguntarles. Los desnudo: que el pueblo sepa de quién o de quiénes se trata. Me ha tocado advertir algunos engañadores, burladores, incumplidos, oportunistas, frescos, indiferentes; están en todos los gobiernos y cuando no, haciendo negocios con todos los gobiernos. Sin dejar de mencionar que hay muchos de ellos identificados con un alto sentido de justicia social y de bienestar común, pero no abundan. Especie rara.
Pobre gente. Miserables. Sepulcros blanqueados. Vuelvo a citar a José Vasconcelos: “Por mi raza hablará mi espíritu”. No puedo, por los hermanos indios, permitir que se les use o que se les instrumente, para fines o propósitos aviesos, por políticos que han encontrado en el tema indigenista y su relación con las hidroeléctricas y las minas, ocasión y terreno fértil para treparse, cuales enanos, en los hombros de gente honesta como lo son los hermanos indígenas.
Abogado.
