Patria sin patrioterismos
¡Qué difícil es ser patriota en nuestros días! ¡Qué raro es encontrar una muestra de genuino amor a la patria que no sea un intento de manipulación irresponsable para encender inclinaciones irracionales contra minorías de algún tipo! Las autoridades ya no piensan en la patria, sino para aprovechar cualquier oportunidad que se les ofrezca para hacer acrecentar su poder.
No hay grupo gobernante que se mire al espejo y se diga, “si seguimos acumulando poder de esta manera, destruiremos la patria”. Y es que la patria no es un grupo, ni el ideal de un grupo. La patria requiere liderazgo sí, pero no siempre el mismo liderazgo. Su vitalidad requiere de la renovación de sus élites, de la frescura que solo puede brindarle la gente que mira hacia el futuro como la casa común de todos, donde las promesas del pasado serán redimidas para beneficio de todos sus integrantes.
Un escritor anglosajón escribió hace algunos años, “el patriotismo es el último refugio de los sinvergüenzas” y es que la patria hoy solo puede ser defendida por quien lucha contra la miseria, la violencia y la corrupción.
Un patriotismo desnudo de convicciones democráticas, ausente de una sensibilidad ante las desigualdades sociales, cómplice del abuso y mal uso de las funciones públicas, creyente de las patadas y los balazos, no es patriotismo. Es, en efecto, el último refugio de los sinvergüenzas.
