Pelea sin sentido
La batalla dialéctica con acusaciones de corrupción que iniciaron en las redes sociales el ex mandatario Martín Torrijos y el actual presidente de la República, Ricardo Martinelli, en nada contribuye a preservar el sosiego en un país, cuyos habitantes se están acostumbrando a vivir de sobresalto en sobresalto.
Ninguna de las dos figuras políticas puede adjudicarse la transparencia total durante sus mandatos, pues los ejemplos de este mal endémico que carcome a la sociedad, abundan.
En los cinco años de administración Torrijos, entre los escándalos más sonados están la pérdida de las esculturas en el Parque Omar y las irregularidades en los contratos para remover la fibrio de vidrio en las escuelas el país. Dos ex ministros de Educación enfrentan a la justicia en este caso.
Además, en los primeros 24 meses del gobierno Martinelli, el lío en el otorgamiento irregular de visas en el Servicio Nacional de Migración, que acabó con la salida de su directora y el de presunta corrupción en el Ministerio Público, que provocó la renuncia del procurador suplente, Giuseppe Bonissi, ha manchado la promesa de un cambio que tanto se abanicó durante la campaña electoral.
Con este panorama, ¿Pueden Torrijos y Martinelli asegurar que en sus gobiernos no hubo corrupción?
Hace unos días, durante su homilía en la Cita Eucarística, el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa, expresó que “hubo, hay y habrá corrupción mientras existan cómplices y seamos cómplices al mirarla como algo natural, como viveza y nada más”.
Al parecer, esta reprimenda pública del máximo representante de la iglesia Católica en Panamá ha calado hondo y generado reacciones en estos días.
Más allá de los dimes y diretes, lo que se impone es que ambos puedan ofrecer fórmulas para acabar con la corrupción. Ese sería el mejor legado que ambos podrían dejarle a los panameños.
El pasado jamás se puede olvidar; sin embargo, hay esperanzas por un mejor presente y futuro.
