Peligro de extinción
El universo fue concebido teniendo en cuenta las diversas necesidades urgentes que iba a afrontar resolviéndoles a las cuantiosas especies de animales y plantas asentadas en su hábitat. El agua y el aire serían las de mayores solvencias, pues nadie está facultado para vivir sin dichos elementos patrimoniales en la existencia. Estamos sintiendo las cuantiosas consecuencias derivadas de un sinnúmero de perversas actitudes practicadas con especialidad por el ser humano sobre el área terrenal.
Hemos irrespetado de manera oculta y absoluta el obsequio que sin compromisos perentorios se nos fue entregado. Y menciono el término perentorio porque ya hoy empezamos a sufrir los estragos establecidos por la mala conducta de estropear todo lo que se nos proporciona. Y tal acto tiene ni más ni menos un balance cuestionable, la ruina irreversible que se extiende en el futuro inmediato. Se nos presenta clara e incuestionablemente la prístina realidad, el agua cae de los pretiles del escándalo denunciando la evidente escasez, donde los factores han socavado con dolorida incidencias, el desbordado auge del desarrollo económico y la gravosa explosión demográfica.
Indudablemente, la industria ha sostenido sus posibilidades con la puntual función del agua, dependiendo su progreso paralelo con el ágil empleo del envidiable elemento acreditando su uso racional. Gastamos el líquido sin contención y complementariamente arrasamos con la flora y la fauna que ha nacido adjunta a ella para su conveniente conservación. Pero la mano intrusa del hombre estimula lo inhóspito e insólito, desolando los bosques y praderas por donde discurren las extendidas selvas lozanas de frescor.
Los países más pobres representan los altos estándares de sufrimiento, pues la adquisición del componente cada vez se torna en calamitosos retrasos. Tenemos que comparecer ante el juicio del sofisma, donde pensamos que lo complicado es mejor, dejando todo en algarada para un final inalcanzable. El ser humano en estos lares se vanagloria del privilegio de desperdiciar todo insaciablemente, convirtiendo en añicos lo concedido con grandiosa obediencia, y lo que Dios entregó con desbordado interés, él lo hace desaparecer regresándolos hechos trizas, contrariando la voluntad divina que actúa con devoción y positivo interés. Lo primero que se hace al dibujar un mapa de cualquier región es colocar el ordenamiento de las cordilleras, luego el desplazamiento de sus ríos, desde las montañas hasta el delta donde se liga con el mar, descollando la vegetación de galera como guardián, hermana inseparable de la cuenca hidrográfica, determinante de la flora y la fauna por el discurrir del líquido cristalino. Panamá es un país favorecido en todo lo que concierne a los recursos hídricos, 150 ríos desaguan en el norte y en la sección sur 350 que sumados totalizan 500. Los del área sur son empleados en el desarrollo hídrico y balnearios. Las tres cuartas partes del planeta están compuestas por agua y del 50% al 70% de los seres que habitan la tierra sus cuerpos los integra el fastuoso líquido. Tenemos que escudriñar el ansioso fondo de los hechos, tratando de impedir la entrada de todo aquel que procede en contra de lo que Dios legó, respondiendo a los deseos de la vida disoluta.