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Peligro para la paz


La denuncia del Gobierno de Colombia, ante la OEA, en el sentido de que en territorio venezolano existen campamentos y, aproximadamente, 1500 miembros de las virulentas organizaciones FARC y ELN, desencadenó una serie de episodios que amenazan la paz en nuestro continente, debido a la camorrista conducta del mandatario que, en mala hora, tiene Venezuela.

Hugo Chávez, en vez de solicitar observadores internacionales para que verifiquen si es o no cierto lo denunciado, se fue por la tangente: rompió relaciones con Colombia y movilizó tropas a la frontera, como una nueva prueba de la obsesión guerrerista que le carcome. Ha venido preparándose para la confrontación bélica que ronda por su cerebro y, por ello, ha gastado increíbles cantidades de recursos petroleros en armamento, mientras la población, con cada día que pasa, es ahogada más en la pobreza y el autoritarismo, como en Cuba.

No es difícil, en cualquier momento, inventándose cualquier pretexto, que Chávez encienda la mecha del polvorín, más aún si se considera que su popularidad va descendiendo vertiginosamente, debido a los permanentes desaciertos de este personaje sin preparación de estadista, histriónico y retardatario.

La infiltración de la narcoguerrilla en los países que limitan con Colombia no es ninguna novedad; cuando se detecta su presencia, lo elemental es neutralizarla. Proceder en sentido contrario deja fundamentadas dudas de complicidad o, por lo menos, de tolerancia. El asunto se complica si se analiza la inocultable simpatía de Chávez con esos indeseables sujetos; bastan estas dos evidencias: dispuso que la Asamblea General venezolana, que reemplaza al Congreso, declare a las FARC fuerzas beligerantes, con lo cual su estatus jurídico de narcoterroristas cambia completamente, con repercusiones en el Derecho Internacional; fue el principal impulsor para que se levante monumentos, en territorio venezolano, a una de las personas que más daño han hecho no sólo a Colombia, el máximo cabecilla de las FARC, el desaparecido bandolero Manuel Marulanda que, por sus atrocidades, fue más conocido por su alias de Tirofijo.

Además, Chávez encabeza lo que llaman socialismo del siglo XXI, con indiscutible influencia en Bolivia, Ecuador y Nicaragua; intenta extender esta tendencia, que bastante tiene de fascismo y de comunismo, a toda Latinoamérica y el Caribe. Cuba e Irán ocupan protagónico lugar en esta corriente que privilegia la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada y los ataques a la prensa libre y pluralista, con la intención de que desaparezca y no haya otras voces que la omnipresente y oficial, propia de las autocracias.

El embajador ecuatoriano ante la OEA Francisco Proaño Arandi, que presidía el Consejo Permanente del organismo hemisférico, en gesto digno de resaltarse, prefirió renunciar a su cargo antes que hacer algo indebido, como fue la solicitud del canciller Patiño para que posponga la sesión del organismo internacional cuyo objetivo era conocer las denuncias respecto a los referidos facinerosos en Venezuela.