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Peligros de casinos


El señor Arzobispo de la ciudad de León en México, en una conferencia de prensa, manifestó su oposición a una reforma del Código Urbano que permitiría la instalación de casinos allí. Arguyó en ella que en dichos centros se promueven las adicciones, el tráfico de drogas y el comercio sexual. En síntesis, puso el dedo en la llaga.

Si algo hay que desgracia a los pueblos por los peligros que entraña lo oferta de posibilidades de lograr dinero fácilmente, es, en efecto, la proliferación de los casinos. Las asombrosas cifras de ganancias que ellos revelan no pueden ser más impresionantes.

Pero ellas son la consecuencia de contraer jugadores y jugadoras deudas impagables, pérdida de reputación, de desvelos y desesperaciones sin sosiego; hogares que se destruyen; peculados y apropiaciones indebidas; inminente peligro de cárcel y no pocas veces con arrastre hasta el suicidio.

En el famoso Casino de Montecarlo, le es vedado a los locales entrar a jugar si no tienen un certificado sobre solvencia económica. Y en El Salvador, uno de los países centroamericanos de holgada bonanza económica, no hay casinos.